28 sep. 2006

El Origen de los Apellidos

origen de los apellidos

Las investigaciones sobre el origen de los apellidos, si bien no revelan siempre la existencia de nombres nobles en una familia, si aportan sorpresas y descubrimientos curiosos.

Algunos apellidos españoles se originaron añadiendo el nombre del padre al propio: Juan Gil, Pedro Andrés. Pero al haber mayor necesidad de identificación específica, el oficio de cada hombre saltaba a relucir para ubicarle. Así surgieron Carbonero, Carnicero, Herrero o Herrera. Otros de este tipo son Uribe (orfebre), Aznar (pastor de burros), Porcel (cuidador de puercos), y Falcon (entrenador de halcones).

Se adoptaban de forma frecuente como apellidos los títulos y señales de dignatarios. Abad, Conde, Confesor, Caballero, Hidalgo, Capellán, Marqués. A veces no estaban apegados a la realidad, y eran otorgados a la gente como crítica a sus pretensiones o ambiciones de alcanzar alguno de esos logros, en burla.

Varios apellidos se basaban también en el aspecto personal. El color de cabello o la falta de éste se utilizó mucho: Cano, Moreno, Rubio, Pinto, Cobo (calvo). También por el tamaño de la persona surgió Redondo, Chico, Delgado. Los rasgos físicos también saltaron: Buenrostro, por ejemplo.

Las cualidades o defectos de una persona también resultaron de ayuda para otorgarle apellido a alguien: Cortés, Malo. Los de lugares cercanos a su vivienda o en donde trabajaban dieron lugar a Calleja, Palomar, Cuadra, Puente, Aguirre (descampado limpio de maleza).

Después de García, los otros apellidos comunes se designaron como "hijo de", por lo que aquellos con terminación en letra Z tan conocidos se popularizaron: Pérez, Lopez, Martinez, Rodríguez, Gómez, Fernández, Sánchez (y las variaciones Sans, Sáinz, Saenz).

De árabes y judíos asentados en la Península vino el legado de apellidos como Albornoz (prenda morisca), Alcántara (puente), Alfaya (joya), y Algara (incursión bélica). Ese último popular por las incursiones que hacían los árabes en territorio cristiano.

En 1492, luego de la expulsión de los judíos que se ordenó, quienes se quedaron en España cambiaron sus apellidos a nuevos inventados con objeto de reforzar su cambio de creencia. Así aparecen Sanpedro, Sanjuan, Santamaria, y otros.

Otros apellidos aparecieron por la insensibilidad justificada con la necesidad de optimizar tiempo de las autoridades y censores. Los Reyes Católicos ordenaron el censo de todo súbdito en Castilla en 1492, y los censores añadieron a la gente apellidos basados en apodos o en observaciones burlonas, como Asno, Cabral, Becerra, Burro.

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