26 abr. 2007

El Loco Yoloy

Todos lo experimentamos alguna vez, ¿no es así? Esa sensación de sorpresa y desconcierto que te hace preguntar: “¿Dónde diablos estoy? ¿Cómo llegue aquí?”. Puede ocurrirle a algún pobre que sufra un trastorno mental, o bien a algún ebrio trasnochador luego de una divertida noche de fin de semana, donde una mezcla de sexo, alcohol y nicotina toman el papel de un coctel analgésico para librar a los terrestres del peculiar dolor de la realidad.

Si, tras una borrachera no es tan extraño encontrarte al día siguiente en una esquina cual vagabundo, en una celda, o en la cama con alguna persona desconocida. Por una juerga así se puede decir que te lo buscaste, y es hasta cierto punto lógico, pero: ¿Cuántos han vivido la experiencia de despertar en una iglesia, colgado a espaldas de la cruz que cuelga sobre el altar, cuando hace solo unas horas paseaba a solas en la noche?

Pues así estaba Goel, y no porque el se lo hubiese buscado. Hacia un rato paseaba sobrevolando la ciudad, meditando sobre una discusión que había tenido con Melora por teléfono. Toda pareja tiene sus dificultades, claro esta, y el secreto para no ser vencidos por ellas es actuar maduramente y no dejar que nos imposibiliten, pero Goel parecía no poder hacer eso. Así vivía, sumergido en la lastimera vida sin protector alguno al cual dirigir sus plegarias, y con frialdad llamada profesionalismo hacer su labor. Sus problemas debía tragárselos y a veces hasta sonreír: a su padre, a Melora, a sus compañeros –pues el héroe no debia ser visto débil. Nunca.-...

Y era todo esto lo que le quebraba y convertía en un blanco. Una presa de cualquier loco cazador que se diera cuenta que aquel que enfrento a Satán sin la ayuda de Dios estaba débil. Ya anteriormente alguien quiso acabarlo: la mujer demonio con la que Goel alguna vez estuvo involucrado sentimentalmente intento destruirlo, pero falló. Molida a golpes y con todos los huesos de las manos fracturados, la encerraron como a un animal; pero él sabia que al confinarla solo estaban tachando un nombre de los cientos que había en su lista de enemigos, y ya incluso sus aliados le provocaban desconfianza.

Supuestamente la vida seria más grata luego que al fin pudo vivir solo, pero no era así. Hacia apenas unos años que la Guerra llegó a su fin, y el líder de los No-Amados no tenia éxito al tratar de incorporarse a lo que se considera una vida normal. Esa tarde a punto de convertirse en noche ocurrió esa discusión, y al final decidió salir a la calle a distraerse. Si, eso había pasado, y después todo se volvía oscuro e imposible de recordar. Abrió los ojos y se encontró encadenado a espaldas del Cristo crucificado, mismo que estaba puesto de cabeza en su acostumbrado lugar colgando sobre el altar. El aroma de las rosas de unos arreglos llegó hasta él y fue lo que le despertó.

La poca luz provenía de unas veladoras distribuidas cerca de donde él estaba, y después de verlas comenzó a calcular cuanto tiempo pudo haber estado inconsciente, llegando a la conclusión de que no debía haber pasado mucho y debían ser alrededor de las 9 de la noche. Enseguida espero a que su vista se aclarara y así poder dar un vistazo alrededor.

- Cuan ridículos títeres somos – dijo de pronto una voz – bailando al compás de dos invisibles titiriteros, ¿verdad, Goel?

Estando de cabeza, a Goel se le dificulto inspeccionar a detalle la figura que apareció frente a él. Un sujeto alto, corpulento y de piel blanca vestido de forma simple, con camiseta blanca y camisa a cuadros abierta y unos jeans azules, además de unas botas negras era quien había hablado. “Conoce a tu enemigo”, le habían dicho desde niño, pero a este personaje no lo conocía y el dolor de cabeza no le ayudaba a pensar. De pronto recordó haber sido golpeado y haberse desmayado cuando paseaba por las calles, y entendió que había sido secuestrado. En esas situaciones le habían enseñado a conservar la calma y obtener toda la información posible.

- Sin duda alguna – respondió Goel - ¿Y a que debo su interés en mi, señor... ?
- Yoloy – contesto el hombre con su ronca voz – Pero no me llames señor. No es necesaria tanta formalidad.
- Bien, entonces: me gustaría que me bajaras de aquí.
- Temo que no puedo hacer eso.
- Oh, ¿y puedo saber la razón?
- Ah si, he olvidado explicarte. Permíteme responderte con esto...

Yoloy se quito la camiseta y mostró la espalda baja, sobre la cual había un horrendo mapa de cicatrices dibujando algo parecido al símbolo del RagnaRok sobre su viva carne, toscamente trazado y apenas perceptible. Goel no pudo contener su asombro y frunció el ceño, mientras que al sujeto se le transfiguraba el rostro por la ira.

- ¡Fue tu culpa! – le grito Yoloy frente a la cara, salpicándolo con su saliva.
- No sé quien te haya hecho eso, amigo, pero no fui yo. Ni siquiera te conozco. ¡Desencadéname! – exigió Goel, forcejeando. Pero sus ataduras no eran normales, y no cedieron.
- ¿Tú eres Goel de RagnaRok, no es así?
- Sí.
- ¿Y eres la reencarnación del tal Inu, el guerrero?
- Sí.

Lo siguiente fue una bofetada que lastimó e hizo a Goel presa del enojo y furia, rompiendo la tranquilidad con una oleada de injurias verbales hacia su agresor, el cual comenzó a gritarle también hasta sobrepasar su escándalo en vulgaridad e intensidad. Luego hubo silencio otra vez, y Yoloy, de nuevo tranquilo y con la mirada perdida, se sentó en el frío suelo.

- Permíteme contarte una historia – dijo Yoloy con risa nerviosa – de un hijo del mundo Hybria, que tenia un trabajo sencillo y bien pagado. Robaba lo que tenia que robar, eliminaba al blanco que le indicaban, y todo iba bien.
- No entiendo a que viene esto – dijo Goel.
- Lo entenderás: una mujer del Infierno que dijo haber estado involucrada contigo avisó que conspirabas para retirar de su trono al “Jefe”. Me contrataron entonces para encargarme de ti y de tus allegados, luego que su guerra concluyó...

Goel siguió escuchándolo, notando que había perdido la cordura desde hacia tiempo, y su voz no era como la de otros a quienes había enfrentado antes. Se notaba nervioso, tal vez porque contemplaba la posibilidad de que un No-Amado o alguien de Overlap apareciera de pronto para rescatar a su prisionero. No mostraba la sangre fría habitual de un asesino a sueldo. Era un atormentado buscando venganza, con sus manos temblando y bañado en sudor, que ya no podía ni sujetar firmemente su arma en las manos.

- Mira... - le dijo Goel – Cometes un grave error. Si tan solo pudiéramos...
- ¡No te pases de listo! – grito Yoloy, golpeándolo de nuevo
- ¿Qué diablos pasa contigo, loco de mierda? – grito también Goel.
- Ah, mas vale que lo recuerdes...



Melora y Deneb aparecieron caminando en el oscuro pasillo lleno de celdas. El guardia, actuó de forma seria pero nerviosamente ante la presencia de las dos. Como pudo, asumió su posición y saludó a las recién llegadas. Ahí no existían las visitas ni nada parecido. El Asilo de la Tristeza, el lugar de encierro para los locos sobrehumanos capturados por Overlap, era solo sombras, una lluvia eterna, una isla rodeada de un océano sin fin en una porción situada en otra dimensión.

- Venimos a ver a un prisionero – le dijo Deneb apresuradamente.
- Por aquí – les dijo el guardia mientras abría la primera puerta.

Caminaron por el corredor, donde enfermos y lujuriosos ojos las observaban por el vidrio de cada puerta. Llegaron a la celda deseada y, como de rutina, el guardia les informó sobre el ocupante:

- Es la prisionera número 092583: Delirio. Fue recibida con severas heridas...
- Sáltese eso – le interrumpió Deneb – Ya la conocemos. Ábranos, por favor.

Al dejarlas pasar, el guardia les explico que ella seguía algo herida, y los brazaletes en sus manos lograban la anulación total de sus poderes. Deneb se mostró temerosa al verla; ella temía a todos los demonios, incluso a Goel, y se había mantenido a distancia de todos desde el fin de la Guerra, aún llamándoles sus amigos. No soportaba las cosas que había averiguado desde que se entero de su naturaleza angelical, y quería alejarse, pero aun respetaba sus lazos, y cuando Melora Melkior la llamó, atendió sin titubear.

- Deneb, ¿estas bien?
- Sí, sí...
- Muy bien. Porque necesito que lo estés, ¿ok?
- Sí, Melora. Es solo que... esta mujer casi nos asesinó a Goel y a mí. Siendo sincera, nunca me ha agradado venir aquí.
- A mí tampoco, pero es nuestro trabajo. No es que podamos elegir.

Ahí estaba la prisionera, sentada con el cabello desarreglado y el uniforme de la prisión . A esta mujer demonio, responsable de muertes y desastres, no se le acercaban demasiado, ni le permitían contacto con otros internos. Los celebres diablos de tiempos antiguos eran igualados en crueldad por esta mujer, por la notable combinación de su inteligencia y su capacidad creativa de hacer el mal. Alzo la mirada hacia Melora, como si los ojos de la overlapper fueran un reto personal.

- Ponte de pie – ordenó Deneb.
- ¿Quién me lo manda? – preguntó Delirio en tono monótono y pausado.
- Melora, aquí presente. Levántate.
- Ah, si – dijo Delirio sonriendo - ¿Qué pasa, Melora? ¿Necesitas a esta pichoncita como vocera?
- Cuida tu boca – le advirtió Deneb.
- ¿Para que? Nunca lo he hecho...

La risa de Delirio hizo eco en las paredes, y Deneb hizo una expresión de sumo desagrado. Podía haberle respondido adecuadamente, pero entonces Melora la tomó del brazo y la colocó detrás de ella.

- No tengo tiempo de jugar – dijo Melora con seriedad – Goel no esta en ninguna parte y creemos que tu sabes algo.
- Ah no, no se nada...
- Si hay alguien que lo conoce eres tu, y a sus enemigos. ¿Quién querría desaparecerlo?
- ¿Yo que voy a saber? Son muchos, muchos a los que les gustaría. Además: se supone que es tu compañero ahora. Si tú no sabes con quien solía mezclarse, mmmh...
- Se mezclaba con gente como tu, erróneamente – señalo Melora con impaciencia – Salió y no se le ha localizado. ¿Puedes decirme algo sobre eso?
- Sí: te digo que el hecho de que hace tiempo fuéramos compañeros de cama no significa que hayamos creado un lazo de mente y alma. No soy un radar a distancia, idiota...

Melora perdió su serenidad mientras que Deneb se pegaba a la pared llena de asombro. Tomó a Delirio del cuello y la levanto de donde estaba sentada, hasta hacer que sus pies colgaron del aire. La abofeteó con la mano izquierda y la azoto contra la pared, exigiéndole entre dientes que le dijera la verdad.

- ¡Maldita seas! – le grito Delirio - ¡Tú y él, perros hediondos! ¡Hijos de putas humanas!

Como respuesta a eso, la sujetó de los cabellos y la arrastró al centro de la celda, donde la puso de pie y le dio un golpe en el mentón con tal fuerza que se elevo chocando contra el techo, cayendo de nuevo al suelo con el rostro al frente. Cuando la alzo de nuevo, Delirio le clavó sus dientes en la pierna, logrando solo enfurecerla más.


Esos minutos en que la overlapper castigó a la mujer demonio parecieron eternos. Deneb se cubrió ambos oídos, y cuando al fin volvió la calma descubrió a su amiga revisando sus manos con una expresión de desagrado y a Delirio tendida boca abajo frente al inodoro que había dentro de la celda, el cual tenia sangre en su interior. Aún en ese estado estalló en una risa burlona.

Melora la acostó boca arriba y se puso de rodillas sobre ella, ordenándole que hablara.

- Esta bien – le respondió - ¿Quieres al responsable? Es lo de menos. Solo digamos que “Él” tuvo noticias de cuando Goel volvía a la Tierra luego de la guerra, y nos exigió a Fobos y a mí que nos ocupáramos del asunto, negándose a pedir ayuda externa.
- Aja. ¿Qué hicieron entonces?
- Nosotros ya habiamos tenido mucho con la guerra, no nos ibamos a lanzar por ahora. Hicimos una adquisición. Un mercenario híbrido que no era admitido con los nuestros, ni en el lado de ustedes tampoco. Aseguraban que por sorpresa podia tomar al blanco y asegurar que cayera.
- Ya veo. ¿Su nombre?
- Yoloy.
- ¿Y por que nunca se supo de esto?
- Casi nadie se enteró, ya que uno de sus compañeros interceptó a Yoloy, lo venció y lo escarmentó más de la cuenta. Ni siquiera le contó a Goel sobre el hecho. Esos No-Amados nunca fueron organizados en su comunicación ni en el manejo de sus operaciones...



Piensa un poco, lector, que es lo que harías si estuvieras viviendo los últimos instantes de tu vida. Tendido tal vez en una cama de hospital, rodeado de tubos y mangueras de las que no tienes ni idea de su función, o tal vez en un lugar sellado e inundándose, prometiéndote una humillante muerte de rata de barco. ¿Qué es lo que pensarías? ¿Qué recuerdos de tu vida vendrían a tu mente en el instante mismo en que la Muerte prepara para ti su guadaña? Lo afrontarías tal vez con coraje, encomendándote a un Dios a quien no has visto jamás, o maldiciendo con tu ultimo aliento a lo que fuera la causa de tu extinción. Eso ultimo se preparaba a hacer Goel, viendo a Yoloy fijamente. Vio que el loco dejo su arma pesada en el altar y sacó una de mano, pegandole luego el cañón a la sien.

Yoloy apretó el gatillo, y el cautivo los dientes a su vez. Caminó hacia una de las bancas de la iglesia donde tenia una mochila. Se sentó y la abrió, sacando de ella un sándwich y un refresco, sin perder de vista a Goel. Le ofreció a su algo de su comida, y como no aceptó, comenzó a devorarla solo.

- “Este sujeto es un demente” – pensó – “Me rapta, me golpea, me amenaza con un arma y luego me invita comida amablemente. Estoy perdido si no pienso en algo”.

Yoloy tardo en volver a hablar. Dejo lo que comía a un lado y avanzó hacia Goel, quien lo miró detenidamente mientras caminaba en círculos alrededor de la cruz, deteniéndose finalmente. Aclaro su garganta y le habló con un tono mas serio:

- Como te dije, me habían contratado para matarte. Yo sabia que tu y tu gente sabían pelear y no sería sencillo, pues el gran Goel de quien se hablaba tanto ya seguramente no era pan comido. Me sorprendió la forma en que me interceptaste antes de llegar a tu hogar. Fue una buena pelea y tu me venciste, carajo.

Al decir esto, Yoloy rió. Sin motivo alguno. Como para sus adentros.

– Y a pesar que de la derrota no me quejo – continuó Yoloy - me molestó que me marcaras. Y en el trasero, para humillarme. Sin ningun respeto por el adversario. Ningún – y aquí hizo una pausa – honor...
– “Al que debió enfrentar seguramente fue Demone” – pensó Goel – “Eso tiene sentido. Es el tipo de cosas que hacía en el campo de batalla. ¿Por qué no me lo dijo? ¿Lo olvidó?”
– ¿Ya lo recuerdas? Me marcaste y me enterraste vivo. Humillado como me hicieron antes. Por eso digo que debes sufrir...

Como pasa con algunas personas, la noche parecía tener un efecto sobre Yoloy que lo envolvía de melancolía. Era vergonzoso ese cuadro de un sujeto tan grande llorando como un niño, y era mas incomodo para Goel que los golpes. Recuerdos dolorosos llegaban al loco sobre su existencia miserable desde la niñez, maltratos y exigencias más allá de lo imaginable hasta convertirlo en lo que querían que fuera. Yoloy murmuraba consigo mismo, tomando de pronto el revolver y apuntándose a su propia cabeza como si fuera a suicidarse.

- “Este tipo ha llegado al limite” – pensó el héroe.

Se escucho un sonido proveniente del gatillo al hacer Yoloy un nuevo intento de disparar, y a Goel le sobresaltó por un momento. Luego guardó el arma otra vez y se sentó a terminar su historia:

- Cuando me fui de Hybria, harto de las guerrillas ahí y lo marcado que estaba, sentía mi sangre fluir. Andaba aquí en este mundo en la calle como un animal. Fue ahí donde sentí el suave toque de dos femeninas manos, y una dulce voz que me dijo que me ayudaría...
- Delirio, ¿verdad? – interrumpió Goel – ¿Dulce? Por favor.
- Cállate y no interrumpas – gritó Yoloy – Ella me curó y me dijo que no moriría. Por primera vez alguien mostraba interés en mi. Esta mujer se ocupó de mí...
- No seas estúpido, Yoloy. Te curó porque quería que hicieras un trabajo contra quienes eran mucho, aún para ella, y no quería exponerse a ser vista. Y aún así no duró muchos días en libertad luego de la guerra. Pero ya que fue capturada tenía de respaldo el contrato que habian hecho tú y ella. Eres un “Plan B”. Si no sirvieras te habría despachado ella misma ese mismo momento que te encontró.
- ¡Cállate! ¡No es verdad!
- ¡Lo es! Yo estuve con ella un buen tiempo, y sé lo que te digo. Ella usa a todo el mundo. Siempre lo hizo. Solo se preocupa por sí misma.



- El pobre tonto creyó que me interesaba en él – dijo Delirio.
- ¿Ah sí? – pregunto Melora - ¿Y que fue de él?
- Lo cure, le dije que descansara y que el trato estaba hecho.

Melora se volvió condescendiente. Mando a traer ropa nueva para Delirio, quien sonrió burlonamente mientras sin pena se despojaba del uniforme hecho jirones frente a la overlapper para ponerse el nuevo.

- En fin – continuó – Aquella ocasión, Yoloy se encaminó al lugar donde vivía Goel, pero no pudo llegar. Interceptaron al pobre infeliz. Fue uno de los No-Amados, que se llama...
- Demone. – adivinó Melora también.
- El mismo. Se lo llevó por los aires hasta soltarlo en una calle vacía. Pelearon, notándose que Demone peleaba por demostrar que era el mejor y no tanto por querer proteger a un amigo. Mi muchacho cayo, y Demone comenzó a hacer locuras entonces, proclamándose el más valiente de su ejercito. Después, trazo sobre la espalda y culo del tonto una silueta del símbolo de ellos, a cuchilladas.
- Caray – exclamó Melora, impresionada.
- La policía llegó, pero ya se lo habían llevado a otro lugar. Tuvo auxilio y pudo curarse. Tal vez los mismos de Hybria o alguien más intervinieron. Ahora estoy segura de que volvió, y creo que él tiene Goel en cierto lugar... Suerte en tu cacería. ¡Ve por ellos, vuela, vuela...!

“Una perturbada”, pensó Melora mientras se cerraba la puerta de la celda tras de sí. Se detuvo a respirar hondo, conteniendo una repentina nausea que comenzó a sentir.

- ¿Estas bien, Melora? – pregunto Deneb, acercándose a ella.
- Si. Sé donde lo tienen. Ella lo dijo entre líneas.
- ¿Y entonces? – le pregunto con su más seria expresión.
- Llama un equipo de overlappers y a los No-Amados también. Yo los guiaré.
- De inmediato.

Inmediatamente se armó el grupo, y entre ellos venian Yael y Sarel. Luego de un gesto de ojos entre ellos y Melora a modo de saludo, ella explico que seria un operativo para rescatar a Goel, discreto, rapido.




- ¡Bájame de aquí, loco hijo de puta! – grito Goel, enfurecido ante la impotencia de estar sujeto a cadenas con propiedades especiales, que nulificaban su fuerza.

Yoloy le apunto nuevamente a la cabeza, jalo del gatillo y nada paso. El miedo es la ultima cárcel de nuestra vida, en la cual somos fácilmente aprisionados hasta el alma, y es por eso que muchas aun penan. Y si la victima es un hombre enamorado, encuentra el consuelo en pensar en su amada, llenándose la mente con su imagen y encontrando una paz bendita. Sin duda es lo más bello en lo que se puede pensar y la mejor imagen que llevarte. Goel cerró los ojos, disipando su propio pánico, y en su lugar aparecieron los momentos en compañía de Melora: Cuando se conocieron, el comienzo de su relación... y de pronto un escándalo repentino de Yoloy, atragantándose con la comida, cortó el encanto de tales recuerdos.

- Vaya – dijo Goel riendo - ¿Eres un tipo duro, y no sabes ni comer?
- ¿Y tú eres el tal Elegido que iba a derrocar a Satán y quién sabe que mierda más, y caes como rata en emboscadas?
- Ah, caray. Me pusiste en mi lugar. Te diré algo: suéltame y olvidemos esto. No quiero que termines lastimado. Porque eso va a pasar, tarde o temprano.
- ¡Por favor! Claro, y supongo que alguien vendrá a salvarte como al simplón apóstol aquel lo salvo un ángel que rompió sus cadenas. Dime quien te salvara a ti. Nadie sabe que estás aquí. Nadie sabe, nadie sabe, nadie sabe – repitió apretando los dientes y babeando.

No hubo respuesta, sino un sobresalto de ambos por el sonido de una ventana rompiéndose y figuras moviéndose a gran velocidad. Una de ellas rompió en un segundo la cruz y se elevó cargándola junto con Goel, a la parte más alta del techo de la iglesia. Su salvador estaba frente a él, limpiándose la suciedad de las botas con un movimiento rápido. La figura que tenia sus pies sobre el altar era un hombre delgado de piel morena y el uniforme de combate de los No-Amados. Goel reconoció a quien lo había liberado:

- ¡Yael! ¡Perfecto!
- ¿Más perros No-Amados? – rugió Yoloy apretando los dientes.
- Cállate – dijo Yael, y comenzó a disparar hacia el demente, quien inmediatamente respondió al ataque con sus armas. Yael se movió velozmente a lo largo de la iglesia, mientras Goel se abalanzaba sobre el enemigo y forcejeaban flotando en el aire, quedando destrozado el altar junto con varias bancas al recibir las descargas de Yoloy. Se golpeaban estruendosamente, mientras Yael en vano intentaba acertar al blanco. Las armas se agotaron y llego el momento de cambiar de cargadores, cuando las puertas de la iglesia se abrieron de golpe, y una conocida voz grito:

- ¡Goel! ¡Yael! ¡A un lado!

Ninguno de los dos demoró mas que unas milésimas de segundo en obedecer, sintiendo de inmediato las descargas pasar, casi rozándoles. Melora y los demás dispararon contra Yoloy; Sarel parecía querer destruirlo todo por completo, mientras Deneb se mantenía seria, enfocada y profesional, acertando finalmente al objetivo, quien trató en vano de defenderse. Alcanzo a herir a Goel en un brazo, y exploto después en una fuente de sangre que cubrió el recinto. Sin embargo no hubo ni un fragmento de su cuerpo para ratificar su eliminación. Sin esto resuelto se marcharon, antes de que la policía se presentara en el lugar y quedara expuesta la operación.




- ¡Maldición, Sarel! ¡Eso duele! – gruño Goel, mientras concluía una leve curación, ya de vuelta en las instalaciones de Overlap.
- No seas llorón – le dijo Sarel – Da gracias que la herida fue un rozón, o no tendrías brazo ahora.
- Sí. Por cierto – dijo Goel, volteando a ver a Melora – Gracias por ir a ayudarme. Gracias a todos.

En la clínica, Goel agradeció a sus compañeros, mientras le curaban las heridas. Luego dejaron a la pareja a solas. Goel tomo a Melora y la abrazo, cuando un overlapper entró, y luego de disculparse por interrumpir, aviso que el General Melkior estaba por llegar. Así fue al cabo de un instante.

- General, señor – dijo Goel
- ¿Está todo bien? – pregunto Melkior secamente -¿Hija?
- Si – contesto Melora sin entusiasmo – Resuelto.
- Goel: Se espera más de alguien de tu reputación.
- Si señor – respondió.
- Sigue en recuperación – le dijo Melkior secamente, dando la vuelta y marchándose.

Los dos reflexionaron sobre lo acontecido, pensando que Yoloy era un sub-producto de la verdadera fuente del Mal. Goel no había sido el único encadenado en esa iglesia; Yoloy estaba encadenado por su declive existencial, y se aprisionó en sus creencias erróneas sobre alguien que le usó para sus propios intereses, aprovechándose de sus rasgos más vulnerables. Le usaron y desecharon; algo que a fin de cuentas, en este mundo es el pan de cada día.

...

8 comentarios:

  1. Una mariposa bate sus alas en Taiwan y al otro lado del mundo mil personas pierden la vida..
    Saludos Reverendo

    ResponderEliminar
  2. Nunca me ha pasado nada asi =(, falta de emoción en mi vida? tal vez. Saludos decadentes.

    Nancy

    ResponderEliminar
  3. Para ver el post en su totalidad, click a Documento Completo >>

    ResponderEliminar
  4. Si
    Le di click en documento completo y alcance a leer el round de insultos entre Goel y Yoyol..
    Porque.. que pasa?

    ResponderEliminar
  5. Si
    Le di click en documento completo y alcance a leer el round de insultos entre Goel y Yoyol..
    Porque.. que pasa?

    ResponderEliminar
  6. Si! todo muy bien.. mucho trabajo pero eso ya cae en lo cotidiano..
    como estas tu??

    ResponderEliminar
  7. ¿Goel, hijo revelde y talvez desertor de una familia bien, preocupado por una sociedad en decadencia, vive el día a día como si el primer rayo de sol lo retara y el ultimo lo agobiara.

    En cambio la luna y su obscuridad serián su aliado, pero no fue así, en ella encontro todos sus problemas en un solo Yoloy, derrotado tal vez por un antepasado de la sangre de Goel que ahora el esta pagando..?

    ResponderEliminar
  8. Ya lo leí ahora si todo =), a veces no sabemos hasta donde llegan nuestras acciones y a cuanta gente pueden impactar y cosas como estas nos desconciertan, quiero leer mas, ya me quede intrigada. Saludos!!

    Nancy

    ResponderEliminar

Puedes comentar como Anónimo sin tener que ingresar con tu perfil de Google o algún otro. Solo selecciona del menú "Comentar como" y elige entre dejar Nombre y URL que desees, o solo Anónimo. Gracias por visitar.