22 may. 2007

Cómo eran las costumbres sexuales y la prostitución en la Roma antigua

prostitución en la antigua Roma

El término prostitución proviene de la palabra latina 'prostituere', que significa literalmente 'exhibir para la venta'. En el Imperio Romano la prostitución era algo habitual. Decía Catón el Viejo que "es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres".

Existía una gran promiscuidad fuera del matrimonio y las costumbres dictaban que el hombre casado podía mantener tantas relaciones sexuales como quisiera. Los ciudadanos con más poder y más esclavos podían destinar una parte de éstos para el sexo, independientemente de la edad que tuvieran y de su sexo. Por otro lado, las mujeres casadas podían recibir visitas libremente, siempre y cuando mantuvieran una serie de códigos morales y sociales determinados.

Las prostitutas eran educadas para la conversación y el placer, debían llevar vestimenta diferente y estaban inscritas en un registro. En el año 1 d.C., el registro de Roma contaba con 32.000 prostitutas inscritas. Las había de varios tipos según sus características y habilidades: * Prostituta, era la que entregaba su cuerpo a quien ella quería. * Pala, aceptaba a cualquiera que pudiera pagar el precio demandado. * Meretrix, era la que se ganaba la vida por sí misma sin ningún intermediario. * Prostibulae, ejercía donde podía sin pagar impuestos. * Ambulatarae, trabajaba en la calle o en el circo. * Lupae, ocupaban los bosques cercanos a la ciudad. * Bustuariae, ejercía en los cementerios.

También había prostitutas de más alta categoría llamadas 'delicatae', que contaban entre sus clientes a senadores o generales. En la Roma Clásica, también existían 'prostitutos' masculinos que esperaban en las esquinas de los baños a mujeres que solicitaran sus servicios. Por otro lado, se dice que algunas mujeres romanas pagaban cantidades desorbitadas por pasar la noche con un gladiador o con un atleta musculoso.

Existen muchas referencias escritas de mujeres de las familias más nobles que ejercieron la prostitución por puro placer, como por ejemplo Julia, hija de Augusto, Agripina o Mesalina, esposa del emperador Claudio, de la que se dice que por una apuesta con otra prostituta se trabajó en un sólo día a una centuria.

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