29 may. 2009

Frente al Comité del Superego

Era una solemnidad casi respirable la que se podia ver en la sala donde se verificaría la audiencia. De dimensión circular, el auditorio tenía al frente una amplia mesa y asientos preparados, con documentos acomodados, vasos de agua, y micrófonos montados para cada uno de los honorables miembros del Comité del Superego. Cada uno de esos hombres ya entrados en años, maltrechos en su corteza exterior y a la vez duros como robles, tenía algo que decir al sujeto que había sido llamado a comparecer ese día. Los prejuicios sobre ese hombre de valores metamorfos estaban presentes, quisieran o no reconocerlo, y sabían que eso se debía disimular lo más posible; la prensa de la Conciencia estaba allá al fondo, junto con los otros asistentes al proceso.

Frente a ellos, en una mesa más pequeña, estaban los lugares para el emplazado y sus acompañantes. Éstos ya se encontraban ahí sentados, vestidos acorde a la ocasión, en elegantes tonos de grises para marcar la diferencia con el predominante color negro de la vestimenta de quienes tenían enfrente. Uno de los del Comité miró fijamente a la joven que acompañaba al sujeto: a los ojos de ese viejo era una niña aún. Alguien cuyos ojos mostraban aún un candor y vida que contrastaba con las endurecidas y frías miradas del sujeto y el hombre sentado a su otro extremo.

- La joven que lo acompaña - dijo el honorable hombre a su colega de al lado - ¿Quién es?
- Es su Fratella, su Hermana de Pacto, alguien de los que obsesivamente llama su "Círculo de Confianza".

El que hizo la pregunta abrió los ojos sorprendido:

- ¿Aún ahora hay mujer que se atreva a aproximarse emocionalmente a éste individuo?
- Mi querido colega - señaló un tercero, el que estaba a su derecha - Me permito recordarle que no resulta conveniente externar opiniones personales sobre el emplazado - y mientras hablaba, apretaba los dientes y clavaba la mirada a modo de desaprobación - Él no es alguien que goce del favor de la mayoría, mas tampoco se encuentra sin nadie que le apoye. Él lo sabe, y el que está al lado de él, su Consiglieri, lo sabe también.

El Consiglieri, como sintiendo sus palabras, dejó de mirar hacia otro lado y clavó una penetrante mirada en los tres debatientes. Éstos se acomodaron ya bien en sus asientos, mientras en la sala los asistentes hacían lo propio. Éstos eran los llamados Rumiaciones y Residuales, habitantes de la Psique que de ninguna manera querían perderse una audiencia que a todas luces era más bien un juicio implícito.

Cuando todo estuvo dispuesto, el Presidente del Comité, un hombre calvo y de pestañas abultadas, habló al micrófono con un tono amable y a la vez enérgico:

- Diga su nombre y apellido para el registro, por favor.
- Alexander Strauffon - respondió.

El que estaba a la derecha del presidente lo interpeló:

- ¿Puede repetirlo?
- Alexander Strauffon.
- Hay por aquí un nombre adicional, y otros apellidos que ha usado como oficiales en la denominada Realidad Física, señor Alexander - dijo, echando un vistazo a sus papeles.
- Los otros nombres son etiquetas convencionales y absurdas, no escogidos por mí. Esos nombres son requeridos en trámites, en procesos burocráticos absurdos impuestos por una raza más absurda aún: los humanos. Yo no soy esos nombres. Usted preguntó mi nombre, y ése es quien soy: Alexander Strauffon.

La Fratella giró su cabeza para observar la reacción de la gente. Diversas expresiones, algunas de sorpresa, otras de una cierta burla. El Consiglieri mantuvo fija la vista al frente, sin parpadear, con el mentón sobre su puño en una postura pensativa e inquisidora.

- Estamos reunidos en ésta audiencia el día de hoy - dijo el presidente - Para presentar pruebas irrefutables de que el señor Strauffon constituyó un activo en diversos grupos cuyo resultante fue el perjuicio económico y en algunos casos físico de varias personas, y contribuyó además a la vejación moral de otros tantos en distintos periodos de su vida. El entusiasmo de éste por la corriente de acciones comúnmente denominada "El Mal" orientó la cadena de eventos en la vida de varios hacia un resultado nocivo en vez del positivo al que originalmente se habían encaminado.

Algunos de los Residuales asistentes, antiguos conocidos del emplazado - ex compañeros de trabajo, de escuela, vagamente conocidos por vía de terceros - sonrieron burlonamente ante lo recién mencionado. Los modos ultra moralistas del Comité del Superego sonarían exagerados incluso a las alegadas "víctimas" del hombre a quien ahora tenian bajo su lupa.

Otro de los hombres al frente continuó:

- ¿Es usted conocido, o se autodenominó en algún momento de su vida, bajo el título de "Reverendo"?
- Sí.
- ¿Ha sido usted ordenado autoridad eclesiástica por la Iglesia Católica Apostólica Romana?
- No, señor.
- ¿Se le ha otorgado título dentro de alguna de las existentes congregaciones religiosas de corte protestante?
- No.
- ¿Ha sido reconocido bajo algún título dentro de la Iglesia de Satán fundada por LaVey, o alguna otra congregación de distinto orden, entiéndase paganismo o similares?
- Tampoco.

Un hombre de aproximadamente 50 años al fondo de la sala tosió y carraspeó sonoramente, haciendo eco en el recinto.

- ¿Le importaría aclarar a éste Comité el motivo por el cual usa tal título entonces?

Strauffon inclinó ligeramente la cabeza a un lado, como ignorando al que le hablaba, y respondió viendo a los ojos al presidente:

- Reverendo es un apelativo con el que se dirigieron a mí por primera vez hace ya casi 15 años. Fue dicho por una mujer conocida por mí, quien hizo referencia a las prédicas y consejos que acostumbraba dar en aquel entonces. En el presente es un término usado por algunos en señal de estima.
- Prédicas y consejos, dice usted.
- Así es.
- Díganos sobre éstas.

El emplazado cubrió el micrófono y prestó atención al Consiglieri, quien le susurró unas palabras al oído. La Fratella, Eliane, pudo oírles vagamente sin moverse de su lugar. Bebió agua del vaso que tenía enfrente y habló también al oido de su amigo cuando el Consiglieri terminó. Transcurrieron pocos segundos en ésta operación. No obstante, el interrogador arqueaba la ceja con impaciencia.

- Quizá si pudiera especificar qué desea oirme decir al respecto.
- Háblenos sobre la naturaleza e ideas expuestas en las mencionadas predicaciones, señor Strauffon - dijo enérgica y pausadamente.
- Durante mi vida llegaron a variar dichas ideas expuestas, pero solo en cuanto a mi postura sobre ciertos temas de la realidad social. La esencia -los valores, se entiende- se ha mantenido desde una turbulenta preadolescencia hasta la fecha: Libertad, Fraternidad, Igualdad.

El Comité disimuló la sonrisa despectiva que quería aflorar en sus rostros. Ellos no consideraban a su interlocutor como alguien que representara tales ideales. Le despreciaban, tal era la verdad. Rígidos como eran, se habrian sentido gozosos de que se tratara de un tribunal superior que pudiera condenar a muerte. El gusto de los absolutistas es tal; impondrían sin pena la negación de la existencia sobre aquellos que nieguen que tienen la razón.

- Usted habla de los ideales de una noble revolución que asentó las bases para constituir la soberanía democrática.
- Con todo respeto, señor - puntualizó Strauffon - No profundizaría en la validez de dicho sistema, y menos aún en si realmente respetan en el presente los tres principios que acabo de mencionar. Me limito a decirle que esas son las ideas en las que basé mis palabras y mis escritos.
- ¿Usted cree que hizo un bien a alguien con ese material?
- Si.
- ¿A quien?
- A muchos.
- ¿Querría exponer nombres como ejemplo?
- Los nombres son etiquetas, señor. No vale menos el que yo mencione a un Fulano de Tal, a que si nombro a un aristócrata y su apellido de abolengo. Podría quizá decirle que ayudé a unos tales Juan, Pablo, Pedro, y Marcos, pero podría usted creer que me estoy poniendo "Bíblico". Podría decirle que ayudé a unos amigos de nombre Aquiles, Hector, Briseida, y Paris, y sería muy homérico en mi respuesta. ¿Acaso importaría si es uno u otro?

La sala dejó oir una modesta risa general. Desde la mesa de los venerables hombres se pidió orden. El Comité instó a Strauffon a que sus respuestas no derivaran en lo que acababa de suceder. Otro de ellos retomó:

- Sin duda apreciamos lo que haya hecho bien, señor Strauffon, particularmente su aprecio por esos valores tan importantes para la sociedad. Si no le importa, ahondaremos en sus acciones, que sin duda son siempre un reflejo de lo que hay en las mentes y las corazones.

Él asintió.

- ¿Ha participado usted en grupos cuya ideología se basaba en la hostilidad, ofensa, y agresión al cristianismo y a la gente de dicha fe?
- Si.
- ¿Ha influido activamente en cambiar las ideas de personas orientadas a la abstinencia y castidad, para que se entregaran a la experimentación con drogas y/o variadas actividades sexuales?
- Si.

Un brillo de cinismo apareció en los ojos del que estaba a la derecha del que preguntaba, luego de ligar una idea para presionar a su interrogado. Tomando la palabra, y con una irritante y fingida expresión paternal mientras veia a Eliane, dijo:

- Por favor, ¿puede darnos el nombre de la señorita sentada a su lado?
- Yo puedo responder eso - dijo el Consiglieri con determinación, poniéndose de pie - Su nombre es Eliane.
- ¿Cuál es su vínculo con el emplazado?
- Es su amiga y confidente, desde hace ya tiempo.
- ¿Puede prestar juramento para responder unas preguntas? - dijo el viejo, sonriente.

¡Tal era la estrategia del cínico y rígido hombre, reliquia de la Moral! Se aprestaba a cuestionar la integridad y dignidad como persona de ella, por el hecho de estar, a su juicio, bajo la "influencia" de Strauffon. Contaba con poder quebrarles y llevar a la ira y desesperación a uno o ambos. El Consiglieri se adelantó; con una fugaz mirada indicó a Eliane que nada hiciera. Por su parte, Strauffon permaneció impasible.

- Señor representante - dijo el Consiglieri - La señorita no ha sido llamada a comparecer. Vino por su propia voluntad, en un apoyo solidario y silencioso. Su reputación es intachable.
- Sí, ya veo, ya veo... - y mientras respondía, se proyectó una imagen sobre una gran pantalla a un lado de la mesa del Comité. Un sencillo despliegue de titulos y nombres, sin imágenes y sin mayor detalle:

La Familia Strauffon (Alias: Los No-Amados)

REVERENDO Alexander Strauffon

FRATELLA Eliane CONSIGLIERI Nerost

CAPO REGIME

Juan (Alias John, Alias Johnny 5) (extinto)
Joso

DROOGIES

Ruez "Guero"
Mario

Bastó la lectura hasta ese punto. La estrategia al exponerles así era obvia. El comité, obsesionado con la pureza de costumbres, exponía a quienes de acuerdo a sus ideas eran manchados e indignos ya fuera por su forma de vida o por el simple hecho de tener algo que ver con Strauffon. Una erronea forma de pensar, dándole al hombre más importancia y atributos de los que eran justos, y de paso juzgando con rigor a gente que ni se habian tomado la molestia de conocer.

- Hemos oido la declaración de testigos entre los habitantes del mundo de la Psique - dijeron - que afirman que el señor Strauffon y sus vinculados han cometido faltas a su integridad y a las buenas costumbres en diferentes formas, y que éste ha sido una influencia decisiva para que los demás nombres fueran orientados a un camino aún peor, el cual jamás habrian tomado de no haberle conocido y tratado.
- Más aún, algunos de estos han ya perjudicado a otros a su vez. ¿Tiene algo que decir a ese respecto, señor Strauffon?

Para responder, se inclinó hacia adelante para hablar frente al micrófono, sentado como estaba:

- La naturaleza del hombre se basa en pulsiones (urgencias), señor. Y al satisfacer éstas es natural que en algun momento la cadena de eventos perjudique a alguien. Alguien come un buen bocado mientras otro quizá en la misma calle muere de hambre. Pero el saber manejar esos eventos y encaminar las cosas de nuevo hacia arriba es algo que se debe aprender, sea a la buena o a la mala, en la vida.
- Usted justifica sus predicaciones e ideas inculcadas a sus allegados, de obtener el bien propio, muchas veces sin pensar en el ajeno.
- Si.
- ¿Es esa su idea de Libertad, Fraternidad, e Igualdad, señor?
- Los tres principios enmarcan el libre albedrio y la aceptación de las consecuencias de nuestras acciones.
- ¿Usted cree que sus predicaciones eran buenas, correctas, acordes a la moral?
- Defina moral.
- ¡No soy yo quien está emplazado a comparecer el día de hoy y responder preguntas, señor Strauffon!

Se tuvo que llamar a orden ante el incesante murmullo de la audiencia. Eliane y el Consiglieri sonrieron disimuladamente. Strauffon se acomodó el saco y la corbata. Una fugaz baja de corriente eléctrica se dejó sentir, haciendo parpadear las luces. Algunos dirigieron su mirada hacia arriba -como si alguna respuesta se encontrara en esa dirección- y enseguida retomaron el proceso.

- ¿Está usted convencido de que sus consejos, acciones, y predicaciones hicieron bien a quienes le prestaron oido atento, señor Strauffon?
- En varias ocasiones. Reconozco, no obstante, que algunas veces no fue asi. Pero todo depende de como una Idea sea aterrizada al campo de lo existente. Verá, el Fuego en el mundo de las ideas no es capaz de hacer bien ni mal. Cuando recién se crea en el campo físico, tampoco. Pero al estar éste bajo el control de la mente y voluntad del hombre, ahi es donde adquiere propiedades benéficas o nocivas. Mis consejos y escritos implicaban avanzar hacia algo. Quien quiso hacerlo positivamente, asi fue.
- Usted a lo largo de su vida dijo haber estado bajo distintas "Eras" o "Régimenes".
- Si.
- Vemos nombres pintorescos. Notamos un régimen denominado "El Anti..."
- Señor - interrumpió el Consiglieri con sonora voz, poniéndose de pie - Se ha hablado anteriormente del asunto, y sobre esa era en particular. El motivo de esta audiencia se dijo era para determinar detalles del presente, ahondando solo en algunos detalles pertinentes en el pasado. Y ése dato es un archivo muerto.

El representante del Comité sonrió irónicamente ante la protesta del Consiglieri. Asintió una vez con la cabeza, de una forma apenas perceptible.

- Háblenos de sus últimos régimenes, señor Strauffon. Háblenos de... La Atrocidad Yoica y El Alma Suicida.

El cambio subito en la postura de Strauffon en su asiento fue la delicia de sus interlocutores. Sintieron que habian dado en el clavo, tocado una fibra sensible de la historia de ese a quien veian como criminal. ¿Quiza por alguna circunstancia lograrian hacerle despotricar contra una o varias personas, para luego declarar lo a gusto que estaba con haber hecho daño a otros en el pasado? Era lo que necesitaban.

- La Atrocidad Yoica y El Alma Suicida son los dos periodos donde una mujer de carácter y presencia notables quiso convertirse en mi compañera, haciendo que dejara otras cosas atrás, en cuanto a proyectos y sueños, orientado más a ella que al exterior.
- Le procuró beneficios y placeres del tipo de los que describía usted en sus escritos y predicaciones desde que era un "turbulento preadolescente"?
- Si.
- Ya veo. Y díganos, señor Strauffon - y aquí hizo una pausa para manosear sus papeles e inclinarse hacia adelante - ¿Dónde se encuentra ésta mujer ahora, eh?

La Fratella Eliane sintió asco ante las tácticas del Comité. No así el Consiglieri, quien sabia que su amigo y compañero no tendria ningun problema en responder.

- No se encuentra. No forma parte de mi vida.
- ¿En verdad? ¿Y qué hace ella ahora?
- Sus asuntos son sus asuntos. No tengo ninguna ganancia, vínculo, ni participación en ellos.

Hasta el presidente del Comité sentía incomodidad sobre como sus colegas se aprestaban a quebrar al emplazado. Sí, no era ni por mucho un sujeto ejemplar o agradable segun los estándares, pero el viejo comenzaba a preguntarse si en la conducta humana, la moral juiciosa en exceso no se transformaba en inmoral, y si eso no les llevaba al mismo nivel de error en el que consideraban que Strauffon estaba. Pretender atacar el mundo emocional de alguien requeria una mejor razón que el simplemente considerarlo "escandaloso e indigno en su forma de ser y de pensar". Pero eso no lo habia comprendido el mundo en más de dos mil años que llevaba la Era Cristiana, y era poco probable que lo entendieran justo el día que constantemente llamamos "Hoy" y en un parpadeo se metamorfea en "Ayer". Y si el tiempo mismo es tan caprichoso y cambiante, siempre avanzando, ¿cómo juzgar mal entonces a un hombre que en sus ideas valoró la abstinencia en un año, luego la condenó, y luego la valoró a medias? Ya él debía decidir que tan voluble quería ser. Eso no le convertía en malo, ni aunque arrastrara a otros a ser tan cambiantes. Él podía decidir. Él ejercía su... Libertad...

- Según vemos en muestras de sus escritos y actividades, señor Strauffon, hasta entonces usted manifestaba una alta estima por conductas como la drogadicción, la infidelidad, la destrucción, y el robo.
- ¿Vendrá una pregunta, señor?
- Expondremos una muestra de sus escritos, y la pregunta vendrá a continuación.
- Adelante.

LA ATROCIDAD YOICA (2005)

Un espejo.

Eso es todo lo que cada plegaria es. Un etereo objeto reflejante de esos
fantasmas que son nuestros miedos y neurosis. Lo sabemos, aunque no lo
queramos admitir. Desde el inculto indigente hasta el mas versado conocedor.
Intentamos ocultar, con nuestro infalible Escudo de Fe, la certeza inequivoca
que a toda alma atea inunda; pecaminosa y distante de los sueños de
perpetuidad de los demas, dicta cual severo juez el veredicto que señala la
voz de su logica y razon:

No hay nada. No existe nada mas alla.

¿Y que si un monton de patanes y unas curvilineas jóvenes se pasean por
nuestros cielos clamando ser diablos o angeles? cuestiona el esceptico.
Sere quiza yo espectador del mas novedoso y elaborado truco mercadotecnico
del Cielo, padre de todas las Corporaciones?.

Pero, ni que decir. ¿Quin posee la suficiente sabiduría y pruebas reales para refutar las creencias de hace mas de dos mil años? Nos esforzamos en creer. Necesitamos algo en que creer.


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Hoy volvi a casa
con marcas de ti
Mudos vestigios en mi epidermis
de esa pasion que vuelcas en mi
Mejor que mil palabras, exquisito dolor
pulsiones de un loco extasiado de amor
Una vez mas, diosa mia
Puedes tomarme y me puedes herir
Estando en tus brazos, teniendo tus besos
se vuelve tan bello el corporeo sufrir...


EL ALMA SUICIDA (2006)

Mirad, ante vuestros ojos el alumbramiento. Ha nacido la criatura de alma suicida, el horrendo genio de los depresivos bastardos. El melancolico brillar de una esplendorosa luna y una lluvia suave que cae como lagrimas le bautizan. He aqui su Anticristo local, su chivo expiatorio al que pueden llamar como gusten, vituperarlo, quererlo u odiarlo. Este es el ser que ha quedado luego de que se fue su amor...


He vuelto del viaje al mundo de las ideas en el que estuve por un tiempo. Quiza no sea de su interes, pero me he planteado la posibilidad de cambio en varias areas clave. Medito en ello mientras vago por el corrompido mundo de internet e intento disfrutar mi bebida en paz, mientras los incesantes ladridos de un perro alla afuera siguen, uno tras otro, dando una pequeña muestra de lo que una molestia eterna ha de ser.

Ahora que ha comenzado a hacer frio en la ciudad y el ambiente esta impresionantemente tranquilo, recuerdo aquellos dias de real juventud. Esa juventud de valemadrismo donde lo unico que importaba era salir de la casa y encontrarse con los amigos, para despues planear ahi mismo que hacer ese justo dia. - "Las nueces del pasado son solo tierra negra del presente" - escribio Rudyard Kipling en su mas conocido libro, y vaya que tenia razon.

Los engranes de la mente del ser de alma suicida trabajan. Ahora se les exigira horas extra. Se asoma por la ventana, ve una calle vacia. Deja a oscuras su casa, vacia tambien por el momento. Para gestar ideas, hay que crear un adecuado ambiente.
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:::Untitled:::

Anda, anda!
En tu pecaminoso andar avanzas
al amparo de nada mas que de tu propia estrella
Mirando con igual desprecio a los cobardes que a los valientes
cuando tu meta es todo, y lo demas es nada
Cuando esa ficcion que llaman dignidad
mas corrompida que una prostituta está
Cuando en ese corazon tuyo, ser de alma suicida, hay hoyos
que hieden a martirio y soledad
Cuando te trasladas en tu mente a los apacibles campos del pasado
donde todo era luz y no reinaban estas sombras
aun teniendo la esperanza de un futuro bello...
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- ¿Algún comentario, señor Strauffon?
- Ridículamente emotivas, se entiende por aquellas circunstancias.
- Usted se pierde en devaneos sin lógica, señor Strauffon - comenzó a decir otro de los del Comité - A lo largo de su vida ha hablado sobre respetar y amar a Dios, luego tornó a maldecirlo e incluso (según sus propias palabras) a estar en guerra con Él. Ha escrito una y mil cosas, algunas piezas notables y otras creaciones sin imaginación ni talento, respecto al amor. Ensalzándolo en ciertos periodos, vituperándolo después, tornando a alabarlo luego, para después desacreditarlo con furia. El mismo patrón de inestabilidad de ideas respecto a otros temas es algo que se ha visto una y otra vez.
- Esto constituye la mejor de las pruebas - comenzó a decir otro más - de lo perjudicial de sus acciones. En la inestabilidad se hallan los peores males, pues ha llevado por confusión y daño tanto a si mismo como a otros.

Ahora Strauffon dijo algo a la Fratella Eliane al oído, y enseguida contestó:

- Lo inestable no es equiparable a lo malvado, señor. ¿O sí?
- No, no lo es.
- La inestabilidad es un elemento predominante en éste el Mundo de la Psique. Es un componente de la neurosis.

Los miembros del Comité murmuraron entre sí.

- Así es - le dijeron al fin.
- Ésa es la raíz de mis acciones, las cuales ustedes han puesto a juicio el dia de hoy. No solo las mías, sino las de todos los nombres que han tenido a bien traer a discusión.
- ¿Es esa su declaración final?
- Lo es.
- A menos, claro - agregó el Consiglieri - Que el distinguido Comité considere un delito el que alguien, dentro del Mundo de la Psique, sea neurótico.

Se tuvo que imponer el orden a gritos ante las voces que clamaban ininteligiblemente en la sala. El presidente declaró finalizado el proceso, recordándole al interrogado que en un futuro, al conseguirse suficientes elementos, el Comité pudiera muy bien recomendar el juzgarlo oficialmente por actividades nocivas a la Salud Mental, y condenarle a una vida de soledad incluyendo la privación de pensar y crear. Los asistentes salieron en completo desorden del lugar. Strauffon, Eliane, y su Consiglieri se tomaron su tiempo. Tenían de sobra.

...

5 comentarios:

  1. Hagase pues su voluntad, Reverendo, en su vida... asi como nosotros, los que le leemos, la haremos en la nuestra ....

    AH!!! y solo por molestar:

    Vales mil!!! nunk kambies XD

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  2. Vaya que esta cabrón Reverendo, encantadora visión de sus múltiples personalidades. Como siempre un gusto leerlo.

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  3. este post esta bueno No es de tus mejores pero me gusto

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  4. Buen post :)

    Me imagine el post en una ambientacion como de juicio final en un escenario de vampiros y monstruos disfrazados de personas normales.. (caray, mi imaginacion vuela con escenas de misterio, maldad y oscuridad, ja!)

    Bueno ya, ya... me gusto mucho, en especial la ultima linea. Eso me recuerda a que me dan ganas de leer alguna otra historia de los No Amados.

    Saludos !

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  5. Trolls: pueden comentar, mas nunca tomen una identidad que no les corresponde. He dicho.

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