21 dic. 2011

Querido Santa Claus: de Navidad, quiero esto

En estos momentos me encuentro en mi lugar de trabajo. Ese rutinario espacio en el que día a día, nosotros los asalariados -la prole, dirían algunos- venimos a ganar con arduo sacrificio el dinero que después, de una u otra forma, nos arrebatarán el gobierno y las grandes empresas.

"Ponte a trabajar", pudieran decir muchos. Y tendrían razón. Mas en ésta ocasión quise darme un respiro, luego de haberme detenido en mi ritmo laboral para decirme: "Ahora entiendo a esos tipos que súbitamente se hartaron y fueron metiéndole bala tras bala a las personas de su oficina". No porque apoye semejante acción, y mucho menos que quisiera realizarla, pero el contemplar cada día la hipocresía, vacío, superficialidad, y abuso, concentrado todo a más no poder, sé por qué un buen día esa gente llega a reventar.

Uno de mis temas recurrentes es el de las singularidades en el trabajo. No es la primera ni ultima vez que escribo sobre ello. Lo particular en ésta ocasión es que escribo desde el mismísimo lugar ésta vez, siendo que hasta hoy he cuidado que no haya rastro alguno de que en verdad soy quien aquí escribe, A.S., y no la identidad falsa de cuello blanco y regida por el nombre que algún burócrata tecleó en su máquina de escribir hace años en una oficina del registro civil.

Cuidaba de que no supieran que en verdad soy Strauffon. Pero en ésta ocasión escribo desde aquí, sin dar importancia a si llegan a darse cuenta o no. La persona que tengo como jefe directo es alguien sin consideración, arrogante, de poco juicio y nulo respeto a las ideas de los demás. A su vez, el jefe de éste es alguien ausente, de poco sentido común y actitud falsa, negado a reconocer la valía de sus elementos que realmente la tienen.

He continuado aquí porque entre las actividades realizadas, hay cosas que me gustan y relacionadas con mi vocación. Y aparte, debo aclarar, no existen absolutos en cuanto a la población laboral. Algunas personas de aquí, a las cuales cuento con los dedos de una mano, valen la pena y cuentan con ética y sentido del respeto al derecho ajeno. Por desgracia son, como ya dije, pocas. Y mi confianza hacia ellos es limitada por el hecho de que, como con toda persona que se cruza en nuestra vida, existe riesgo al momento de admitir que se acerque más.

Cuando el supervisor -o "hipervisor", en cuanto a su arrogancia se refiere- llega con demandas vanas, peticiones de cosas urgentes, de las cuales más de la mitad no se necesitan en verdad, o acusaciones sobre algo que fue responsabilidad de otro, me viene a la mente la ocasión en que estaba en un centro comercial y me dieron ganas de orinar. Como la urgencia era mucha, llegué y entré a uno de los baños. Al salir, un empleado de limpieza empezó a reclamarme con frustración el porqué había entrado ahí si era solo para orinar, y que debido a eso los excusados aparecían mojados en sus orillas o en el asiento continuamente. Ya que ese no había sido el caso en esa particular meada mía, procedí a mentarle la madre y a poner una queja con su jefe, y con los de seguridad. Después de haberme ido, aún así quedé con la sensación de que debí haber hecho algo más, diciéndome además que mejor debí haber ido después y haberme cagado en uno de sus mingitorios, para que ahora si tuviera una razón real para quejarse.

Así tengo que pasar día a día en éste lugar. Con tipos habladores que tienen una seria necesidad de que alguien les reviente la madre, y sin embargo, debo jugarle al Clark Kent y no hacer nada, o "se pone en riesgo el puesto". Veo a un sujeto que gana el doble que yo y no sabe ni escribir un correo sin errores de ortografía que parecen de un niño que recién comenzó a ir a la primaria, otros tantos con doble cara, afán de chismear, y deseo de difamar.

Requiero formar un verdadero Club de la Pelea. Urgente. Aplicantes, favor de dejar mensaje.

Oh Dios, o Alá, o Santa, o Tom Cruise y sus aliens cienciólogos: no es que quiera fortuna viéndolo como un fin, y solo por no querer ya trabajar con otra gente, sino como un recurso. Quiero el dinero de la misma forma en que un pintor quiere sus acuarelas y lienzos, en que un paciente en silla de ruedas quiere caminar, en que una mujer ansiosa de ser madre ansía el esperma.

Quiero esa fortuna para poder CREAR. Dar vida, o mejorar la de aquellos que lo merecen. Y de paso, por qué no decirlo, mandar al diablo a todos y cada uno de los que se lo han ganado, y no tener que volver a pisar éste lugar.

Reciban un saludo, lectores. Y me marcho, pues he de trabajar más rápido y continuo que una puta tailandesa recibiendo clientes, o no podré estar libre el día 24 para la tradicional fiesta pagana y banquete a degustar. Adieu.

...

6 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Pues a trabajar, y buscar formar alternativas de hacerse de liquidez, para liquidar a la escoria. Y que en estas fiestas se pueda entregar a la Gula, y si la ocasión se da, a la lujuria.

Saludos

*ஐღ Mì†a ღஐ* dijo...

Me uno a su Club de la Pelea, formalmente! hay tanta gente en mi mundo laboral y social a la que en verdad deseo patearle el trasero jajajajaja
Saludos Mr. S y usté hasta de cuello blanco es magnífico ;)

DIANA dijo...

Jajaja...como me encanta tu forma de escribir.
Uno de mis pocos temores es que sepan en mi trabajo que yo estoy tecleando esto y aquello...=P

Por cierto, en mi trabajo son catolicos apostólicos y romanos , asi que nos darán el dia 24 y el 31 libres!! que disfrutes mucho una buena compañia y una buena comida, para que se quiere mas?

Abrazos

Madame Milagros dijo...

Rev. Alex!! has sido modesto en tus deseos...
Lo que yo quisiera va más de allá... a veces mis deseos se tornan egoístas, otras de super heróe, otras de venganza, otras otras y otras que no recuerdo... todos esos deseos los dejo en la cama...
besos y abrazos Rev. Alex, nos estamos leyendo.

Novak dijo...

¡Ah caray! ¿A quién no le da coraje ver que un pelele con corbata que más bien tiene aspecto de mono cilindrero, gane más que nosotros siendo estos incapaces de escribir de manera correcta?
Si de algo te sirve comparto tu desgracia porque paso por algo similar.

Sin embargo, pese a la similitud de la agonía laboral, yo creo que pertenezco a alguna de esas maldiciones santas ya que en mi trabajo no sufro de presión (¿no tener cablevisión en la tele de mi oficina no es para contarlo como sufrimiento, verdad?) mi jefa no me grita, y pese a que muchos de mis compañeros son unos pedantes y medios tarados, no tengo que lidiar directamente con ellos de manera que los saludo eventualmente.

Como sea, aunque no esté tan jodido ni tan a gusto en donde trabajo, no me puedo permitir el lujo de mandarlos al carajo y ver otros horizontes. De hecho al menos tienes el Blogger desblogueado; yo no tengo ese privilegio.

Al caso, no estás sólo, hay muchos como tú, como nosotros, agonizando y anhelando una mejoría en nuestro sistema laboral. O que nos saquemos la lotería, también, claro está.

Pues ni modo, a trabajar para poder echarse unas chelas este 24.

Saludos, viejo.

Ahuizotl dijo...

Me uno al club de la pelea vs los oficinistas y burocratas de México, saludos