29 sep. 2009

La chica del ojo de vidrio

ojo

Todos hemos sido insensibles alguna vez, de forma consciente o no. Quien lo niegue, está lleno de mierda. La situación más común es cuando se nos escapa algun comentario que llega a ofender/herir a alguien. La pena es después para ambos, el ofendido y el que habló de más, tanto más para este último.

Recuerdo en mis dias de facultad a un tipo que era famoso por las cagazones que hacia. El sujeto era altisimo, uno podia verlo llegar desde cuando iba por el estacionamiento casi. Era tan alto que un aguila calva hubiera querido anidar en el. Y bueno, su capacidad de cagarla era equiparable a su altura fisica. Recuerdo vagamente una vez en que estaba hablando mierda afuera del salon, criticando rasgos femeninos muy particulares, tanto fisicos como de caracter. Dos compañeras de la facultad estaban a pocos metros de el, y encajaban perfectamente con la descripción. Las palabras del cabrón era como un barnizadero de caca que alcanzó parejo a ellas y a cuantas desafortunadas cayeran en ese mismo esquema.

Pero solo cuando le pasa a otro es entretenido para nosotros. Poder decir "Mira como la cago el pendejo éste con lo que dijo" es un gusto. Pero, ¿y si uno es el que queda como el pendejo insensible en cuestión?

Tristemente he de confesar ciertos casos en que yo he sido éste, muy a mi pesar, y luego de un gran esfuerzo por no quedar como tal. Yo, que abogo por el trato digno y respetuoso de toda persona con cualesquiera condición clínica que tenga, tengo mi talón de Aquiles con cierto grupo en particular:

Estrabismo, bizquera u ojo desviado

El estrabismo es también llamado “ojo desviado” o “bizquera”, es un defecto ocular caracterizado por la desviación o incorrecta alineación de uno o ambos ojos, es decir que un ojo está desviado respecto al otro. Este problema del sistema óptico es muy frecuente en los niños haciendo que sus ojos se puedan volver hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba o hacia abajo y en mucha ocasiones, más de uno de estos trastornos se encuentran presentes en el menor al mismo tiempo.

Las Causas

El estrabismo puede deberse a múltiples causas, que pueden ser tan variadas como la necesidad de usar gafas para corregirlo, hasta casos graves que puede poner en riesgo la salud ocular o incluso la vida del paciente. Algunas de estas causas por factores hereditarios son: infecciones, sufrimiento fetal, tumores, factores emocionales y alteración de los músculos del ojo.

Sin embargo, los hermanos e hijos de una persona con estrabismo pueden tener mayores probabilidades de desarrollar el defecto ocular, aunque hasta el momento no se ha identificado una sola causa hereditaria. Otras causas del estrabismo son los defectos refractivos, disminución de la visión por cicatrices o inflamación ocular, problemas neurológicos, cataratas, traumas de la cara o el cráneo, tumores oculares o craneales.

El mundo de hoy.

Aunque las personas que tienen defectos oculares en los mejores casos son burlados y en los peores rechazados y hasta llamados “bizcos”. En el trascurso de la historia han existido individuos ciegos con una descomunal visión como Borgues que en un Aleph lo vio todo; sin embargo esto no quiere decir que los discapacitados visuales gocen de una consideración social elevada ni siquiera aceptable en un mundo donde lo que reina son los patrones estereotipados de belleza.


Hasta el del artículo hace énfasis sobre la insensibilidad hacia ellos. Efectivamente, querido lector. Por más que intento evitarlo, no puedo evitar el quedar mal al toparme con alguien con estrabismo o también, como una vez ocurrió, con una persona con ojo de vidrio.

Ese incidente del ojo de vidrio ocurrió yendo con mi exnovia. En un McDonalds de cierto centro comercial, fuimos ahi a comer (yo solia arrastrarla a comer las porquerias que a mi siempre me han encantado), y cuando nos acercamos a la caja, oh sorpresa...¡Ahi estaba! El ojo de vidrio. Inmediatamente me ocurrió lo que me pasa en esos casos. Trato de decidir a donde focalizar mi vista, si al ojo bueno o al malo. El resultado es que estoy bailoteando como si fuera un scanner. Me alteré, comencé a manosearme los brazos nerviosamente, y entonces comprendí al personaje del cuento del Corazón Delator, del maestro Edgar Allan Poe:


Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.


En verdad no podia hacer nada para evitarlo. Mi ex se rio, pero trató de evitar que fuera tan evidente. Pero la verdad es que hasta para ella era dificil. Y no es para menos. Por lo que sé, la mayoria de quienes se topan con alguien con estrabismo o algo malo en el ojo encuentran dificil el ajustar hacia donde mirarlos. Y no es que quisiera ser grosero. Mi pena era precisamente por estarla incomodando. Pude ver en la cajera el gesto inequivoco de un "chinga tu madre" al momento en que me pedia la orden. Le hice el pedido, y entonces me dice:

"¿Un pay como postre?"

Al hacer esto, movio su ojo real de izquierda a derecha como viendo hacia atrás de mi, a la gente que estaba ya sentada en las mesas. Y el de vidrio, obviamente, inmóvil. Esto atizó aún más en la angustia que ya me embargaba. Me sentía como Austin Powers en la bien conocida escena del lunar (mole):

mole bloody mole

E igual que Austin, queria gritar. Carajo, si tan solo pudiera acusarle de algo, pero en realidad la culpa era solo mia. Ojalá hubiera traido un parche, o hubiera estado lo suficientemente distraido/indiferente para ni siquiera mirarla a la cara. Pero ahora el ojo de vidrio... Dios, ni siquiera recuerdo como terminó eso.

Con los que tienes estrabismo es peor. Cuando uno intenta mirarles como mira a cualquier otra persona, el resultado no siempre es bueno. Porque el ojo de pronto se moverá como uno de esos monos de peluche que tienen ojos de caniquita. Cuando sucede eso, casi puedo escuchar un ruidito agudo haciendo "wiiiiiiiiiiiiii" a medida que el ojo se mueve.

De hecho, hace poco me di cuenta de alguien en el trabajo que tiene un ojo asi, y -prueba de lo ausente que soy hacia la gente en el trabajo- no me habia dado cuenta. Ahora cuando le veo siento que debo apartarme inmediatamente, no sea que me de por picarle la esclerotica y acomodarselo manualmente. Cuando eso pasa me siento basura. Siento que una horda de bizcos podria apedrearme asi como lo hacian con los pecadores en el Antiguo Testamento, y no podria siquiera protestar. Y por favor, que Dios me libre de toparme con alguien con ojo perezoso. Cada vez que veo a Thom Yorke de Radiohead, quiero levantarle ese parpado y fijarselo con una grapadora. A veces siento que quiero correr antes de ponerme a gritarle al ojo malo, o de plano de llevar a fuerzas al individuo al banco, sacar mis ahorros, llevarlo a consultar, y programarlo para cirugía todo ese mismo dia. Y por supuesto, estar yo en el quirófano, para librar esa batalla final con ese ojo maldito. Maldito seas, por qué bailoteas? Maldita sea la hora en que te pusiste asi, oh cosa terrible, peor que el Ojo de Sauron (que ese no se desviaba).

Y antes que quieran lincharme y el montón de maricones se empiece a quejar, no me estoy burlando, ni estoy haciéndolos menos, ni nada. Es simplemente algo que ocurre y que por desgracia no puedo evitar me afecte. Cosa que le pasa a muchos. Y como ya lo aclaré al principio: sé que es ser un pendejo insensible, en efecto. Mea Culpa.

Me siento de lo peor. Ya me voy por ahora. Iré a echarle un ojo... argh, iré a ver qué hay en la programación de la TV para hoy.
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16 sep. 2009

Calvin y Hobbes

Cómic de Calvin y Hobbes de Bill Watterson

Uno de los comics que desde niño me agradó, y hasta la fecha, es el que constituye la obra más conocida de Bill Watterson, autor a quien respeto por su visión sobre lo negativa que es la comercialización y el abaratamiento del arte. Cuando pequeño, mi padre comenzó a comprarme este excelente material, diciendo que muy probablemente me iba a identificar con el niño protagonista.

Y en efecto, asi fue. Calvin era todo lo contrario de Daniel el Travieso, el cual a mi parecer es el modelo de la mariconería (entiéndase debilidad con pose, y no algo homofóbico) infantil norteamericana, pasando además por una obvia referencia dependiente que a los padres hipócritas escandaliza (en relación al amiguito pasivo que siempre le acompañaba). Calvin, por su parte, es un niño de seis años que tiene una dificultad notoria para relacionarse con otros niños. Se sabe único y diferente, cuenta con un vocabulario y cultura suficientes para debatir con adultos respecto a politica, problematica social, religion, y otros temas.

Le gustan los dinosaurios, lo relacionado a la musica pop, y cuenta con su inseparable amigo Hobbes, un tigre de peluche que cobra vida solo a sus ojos. Ese es su unico amigo, ya que por fuera es evitado por los otros niños, quienes le consideran alguien en extremo raro, o bien alguien a quien hay que temer. El lector es quien tiene que decidir si Hobbes en verdad cobra vida, o si es solo parte de las muchas fantasias de Calvin, entre las cuales se cuentan sus otras identidades (Hombre Estupendo, el superheroe, y el Astronauta Spiff). Como sea, en Hobbes Calvin tiene proyectados aspectos de su persona que se niega a admitir. Por ejemplo, una niña llamada Susie por la cual Hobbes muestra agrado mientras que Calvin la repudia. Está ahi el caso clásico del niño que molesta a la niña que le gusta.

Calvin se mueve en el mundo de fantasía alternando con el real. En un cuadro puede verse a la maestra regañandolo, para inmediatamente cambiar en el siguiente a un extraterrestre repugnante que tiene prisionero al Astronauta Spiff, que no es otro sino Calvin con traje de explorador espacial del futuro. Así verá también a Moe, el bully (abusador) de su escuela, o a los demás adultos, los cuales constituyen a sus principales antagonistas.

Calvin: Papá, ¿vives en mí con la esperanza de que mis logros futuros puedan redimir tu mediocre existencia y que, de alguna manera, compensarán todas las oportunidades que has perdido en la vida?
Padre de Calvin: Si es así, tendré que replantearme mi estrategia.
Calvin (mas tarde, a su madre): Mamá, papá ha vuelto a insultarme.

Los padres de Calvin son una pareja joven, con una evidente frustración con la vida misma. Subliman esos sentimientos tratando de mostrar algo de humor y madurez, pero es evidente el desencanto cuando el papá incluso llega a decir que él no quería a Calvin, sino tener un perro. La mamá, por su parte, le replica que tener a Calvin no fue solo decisión de ella. Claramente, ante unos padres asi, Calvin no podia menos que desarrollar sentimientos encontrados. Los quiere, pero a su vez los considera estúpidos, retrógradas, y el ejemplo perfecto de lo que es una pareja más del montón. Al padre incluso suele acosarlo con un juego en donde maneja el puesto de padre como si fuera un puesto politico de elección popular, diciéndole que "va mal en las encuestas". Una excelente forma de decirle: "Tú no mereces ser mi padre".

En cuanto a Hobbes, éste es amigo incondicional de Calvin, pero aun y cuando toma parte de ciertas travesuras suyas, es también su mayor crítico. Hobbes es el primero en mostrar a Calvin la contradicción en la que cae en muchas de sus opiniones, y lo confronta además con la realidad de un modo genial. (En un episodio, Calvin se clona a si mismo, y éste clon se enamora de la niña Susie. Ante el enojado Calvin que se pregunta cómo se le ocurre al clon hacer eso, Hobbes le dice burlonamente: "Eres tú, pequeño galán. TÚ.)

Entre las travesuras de éste peculiar niño-problema están las siguientes:

- Golpear al bully de su escuela con un ladrillo, pretendiendo ser el astronauta Spiff disparando su rayo láser a un monstruo espacial.

- Bañar a su mamá con un cubetazo de agua de lago.

- Lanzar el auto del papá por un barranco.

- Inundar la casa.

- Lastimar a Susie tirandole una bola gigante de nieve desde un árbol.

- Intentar enviarse por paquetería a otro país.

- Secuestrar a la muñeca favorita de Susie, con el drama completo de fotos, carta de rescate hecha con recortes de letras, y amenaza de hacerle a la muñeca algo irreparable.

- El incidente de los fideos. (Éste jamás es explicado por el autor. Tan solo te dice que fue algo tan terrible, que Calvin se niega a hablar de ello, e incluso se aparecieron en la escena tanto la policía como también los cuerpos de rescate. Queda a la imaginación del lector qué podría hacerse con unos fideos para provocar eso)

Del creador de la tira cómica, Bill Watterson, tan solo puedo reiterar mi admiración. Teniendo la posibilidad de comercializar a gran nivel a sus personajes y hacer dinero de ellos, se negó. Fue limitada la producción de productos originales (tazas, camisetas, etcétera). Y nunca quiso que se hiciera una serie de televisión. El hombre está ahora retirado, luego de escribir una triste nota de despedida al editor, y de realizar la última tira, donde Calvin dice a Hobbes que el mundo es un lugar mágico, y van a explorarlo.

Si en alguna ocasión encuentran alguno de los libros, no duden en comprarlo. Seguramente les gustará. Mi favorito, el cual tengo entre mi colección, es el titulado "Attack of the Deranged Mutant Killer Monster Snow Goons". Tan solo busquen la portada en Google para que vean lo excelente que es. En el libro, Calvin otorga vida a un mono de nieve invocando a los demonios, y éste al estar ya animado construye su propio ejército de seres semejantes, con el propósito de perseguir a Calvin, quien tiene que pensar cómo hará para ir al dia siguiente a la escuela con todos esos monos fuera de su casa.

Donde estés, Bill Watterson, disfruta tu retiro. Y gracias por esos personajes tan únicos, y por poner el ejemplo de cómo un artista debe ser frente a las corporaciones sin alma y la pura comercialización que no valora lo único y diferente.

Calvin y Hobbes en Wikipedia
Portada de Attack of the Deranged Mutant Killer Monster Snow Goons
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12 sep. 2009

Los anónimos confesándose en TuSecreto (Ésta gente es patetica)

TuSecreto Alexander Strauffon

Estaba navegando por internet buscando otras cosas, cuando el todopoderoso Google me llevó en sus poderosas e inmisericordes olas de resultados de búsqueda a un sitio en particular: TuSecreto

Una pagina donde la gente puede ir a "confesar" su cargada conciencia. Yo me pregunto... si es frente a una computadora, y nadie sabe quien eres, ¿donde esta el valor de la confesion? Por favor.

A no ser que quieran alardear de las estupideces que hacen, no hay razon logica para hacer eso. Pero: ¡ah, cómo es la gente! Las puñeterias de uno son el goce del otro. Lean nadamás un muestrario de estos individuos; algunos son tan tristes que me dan ganas de poner todo mi empeño en rastrearlos, para ejecutarlos de forma rápida y sin dolor:


siempre que cumplo años no puedo dormir en toda la noche por si llega una lechuza con la carta de Hogwarts!! todos los años digo este si va hacer!

cuando me siento solo, llamo a la operadora de MOVISTAR para hablar con alguien =(

Todos los meses religiosamente me confundo la fecha de mi menstruación con la fecha que me viene el crédito al cel. Soy un reverenda pelotuda, lo sé.

cuando voy a mear, antes que salga el chorrito,me aprieto la pielsita para taparlo, y empiesa a quedarse todo a dentro, y se me hace como una bombita de agua,pero con piz y cuando no da mas,la suelto y sale todo:)

me gusta jugar con los juguetes de mi hijo menor que tiene 8 años.Lo mande a un colegio de doble horario asi tengo mas tiempo de jugar con los juguetes.

Me gusta el olor a pata...
le huelo las zapatillas a mis amigos cuando no estan...

Hace poco Descubrí que se dice "vello púbico" y no "vello publico" como yo pensaba

Todas las mañanas cuando me levanto adoro olerme las axilas por el olor a transpiracion...no llego a tener olor a chivo pero es un olor rarisimo con la mezcla de mi desodorante. Realmente lo disfruto!

Elegí la carrera a seguir usando un test del Facebook. Por lo menos tenía muchas opciones por pregunta!



Ya hay sitio de gente pendeja reunida que le hace competencia al Yahoo Respuestas.
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9 sep. 2009

¡Oh, esta senectud! Rob Peters y su canal de YouTube


Erroneamente, la sociedad esta acostumbrada a ver la figura del anciano como el abuelito, el que debe ser dulce y tierno, una fragil figurilla que inspira ternura y amor. No obstante la buena intencion e imagen que quieren darle, hacen mal.

Hombres y mujeres en la senectud alguna vez fueron jovenes. Comieron, bebieron, cogieron, hicieron desmadre. Muchos de esos dulces viejecitos que ves en los anuncios de politicos u otros sitios fueron de jovenes verdaderos cabrones que hacian de sus hijos una piñata, arreandoles madrazos como si por cada uno les dieran bonos de despensa.

Y claro que sabemos por que la gente se empeña en visualizarlos solo en el lado bueno: por el simple hecho de que no quieren tener presente que sus abuelos y/o padres son seres humanos, sino iconos representativos de algo en su vida. Me incluyo entre ellos. En lo personal, de tener que elegir, preferiria ver una competencia de clavados en una alberca de diarrea antes que tener que contemplar la Escena Primaria (padres teniendo relaciones sexuales).

Por supuesto que se extiende a las otras figuras. Nadie querria traer a su mente la imagen de Doña Chuchita, la amable viejecita de la cuadra, fajando con un tipo y abriendo las piernas como si estuviera ejecutando una exhibición de gimnasia olimpica. Intolerable. Es como si alguien te llevara el postre en el restaurante y se zurrara en él. La figura de respeto es eso, y asi la ves, maldito mil veces si llegas a imaginarle en otro tipo de escenarios.

No deberiamos ser asi. Hay que tener plena conciencia que independientemente de la edad, se trata de seres humanos. Hay que respetar sus pensamientos, su pasado, anhelos y deseos, e incluso sus preferencias por dificiles de aceptar que sean. Ese es el camino de la tolerancia y el respeto, ¿cierto?

......

Hasta hace unos dias yo pensaba lo que acabo de decir en el párrafo anterior. Eso, hasta que supe del buen Rob. ¿Han oido de el? ¿No? Déjenme les platico quién es Rob.

El hombre es un anciano que postea sus videos caseros en Youtube. Desde el momento que ves la fotocaptura en cada uno de ellos, te das cuenta que tiene de normal lo que Madonna de virgen. Más aún, si quieres ir por grados, antes del viaje cómico-mágico-musical que son sus videos, puedes leer su perfil: el sujeto dice tener 58 años (NOTA DE SPAWNY: ¡Claro! 58 años de haber llegado a la andropausia.), en los aspectos sobre sí, menciona ser "viejo, sobre todo viejo" (la aclaración no está de más, pero está gracioso el viejo), y que es un hombre que escribe en su frente. Eso ultimo está de más, no es nada original; Charles Manson lo hace.

En el apartado de compañias: SISSY'S PRODUCTION INC. FAGS FOR BOXES CORP. MISTRESS_RACHELL HOME FOR OLD GAYS. Vaya, pues he ahi un nombre que seria curioso de ver en un recibo de nómina o una declaración de impuestos. Imagínense la escena en el IRS de Estados Unidos, el montón de sujetos en la oficina. Cuerpos de humanos con traje y corbata, y cabezas de rata de baldío:

JefeRata: A ver, empleado cuyo nombre no me interesa, venga acá inmediatamente.
Rata1: Digame, señor.
JefeRata: ¿Quiere decirme a que demonios se dedica la compañia esta? En mi vida he visto nombre semejante.
Rata1: Fijese que no sabemos, jefe. Presentan su declaración, pero al detallar el giro, vienen puras incoherencias de un tal Rob.
JefeRata: ¿Rob?
Rata1: Si, señor.
JefeRata: A ver, entonces será algun negocio de producción en masa de mariquitas, una página comercializadora estilo Ebay donde se hace el trade in de homosexuales a cambio de cajas, o un asilo de viejos gays.
Rata1: Básicamente, si.
JefeRata (pensando por un rato) ... Déjele caer todos los impuestos usuales. Y dígale que aparte uno extra por... ser tan raro.

El buen Rob además se jacta de no beber, fumar, ni usar drogas. Sin embargo, es poco probable que si lo hiciera, causara alguna diferencia. El hombre se declara homosexual, en sus videos habla con una voz afeminada que nos hace pensar en los estragos de la demencia senil, gusta de travestirse y maquillarse, usar peluca, e incluso salir bailando mientras usa un pañal y una playera rosa.



No sé qué pensarían ustedes si alguno de los venerables de su familia hiciera semejante cosa. Yo si les digo sin verguenza: si fuera mi abuelo, lo enjaularía. Asi es, radical y al punto. "¿Sabes que, papá/abuelo/tio? A ti ya se te brincó la transmisión. Lo siento mucho, pero aparte de que la gente vieja es una carga, no voy a tolerar que además de eso se convierta en una verguenza. Además, el internet claramente no le tocó a tu generación, y es por algo. De la misma manera que yo no disfrutaré de cosas chidas en el futuro distante, como androides estilo Yo Robot que trabajen por mi, sables laser estilo Star Wars, y clones de actrices sexys para poseerlas a mi antojo, a ti no te toca esto tampoco. Se acabó". Acto seguido, lo pondria al cuidado de una enfermera tosca con brazos como tronco de árbol, y lejos de apenarme el hecho ante los que me lo recriminaran, diría sencilla y friamente, con rostro inexpresivo: Es por el bien de la familia.

Pueden visitar el Canal de Youtube de Mr. Rob Peters si lo desean. Una de sus gracias es el baile con la canción Goodbye Horses, de Q LAZARUS, la cual es la melodía en la conocida película El Silencio de los Inocentes, donde el asesino B. Bill baila mientras se maquilla, y al final viste el traje hecho con la piel de las mujeres que ha asesinado.

Como cierre solo quiero decir, no estoy afirmando que deba impedirse a los viejos divertirse y hacer desmadre. Yo mismo lo haré si llego a tal edad. Me caga el ageism. Solo estoy siendo sincero en cuanto a la reacción que tendría si fuera uno de los míos, sé que muchos que leen tendrian ese primer impulso. Hay formas y niveles de desmadre, no querria ver a los mios convertidos en payasitos online de a gratis.

(NOTA: Se le propuso a Rob realizarle una entrevista y/o charla en directo, para permitirle exponer su punto. Se le explicó a manera de presentación formal quién es el que iba a entrevistarle: un individuo escritor aficionado sin gracia ni simpatía, que también repudia el tener que envejecer, que perteneció a un culto de giro satánico, tuvo adicciones, es responsable de desestabilizar vidas de personas, y aguarda dos cosas: el poder lastimar ejemplarmente a varias personas en su lista, y el Fin del Mundo. Rob rechazó la propuesta. El peculiar viejo youtuber tuvo miedo de Alexander Strauffon.)
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5 sep. 2009

Empleos en los que no trabajaría (Es en serio, en eso sí que no trabajo)

I HATE WORK

Hay empleos de distinto nivel. Algunos involucran ir en contra de tus principios en cierto punto tolerable, otros tienen un nivel de frustración que pone a prueba tu tolerancia. En fin; de todo hay en la viña del Señor, y entre dicha viña no falta la porquería.

Y podriamos decir sin duda que todo trabajo tiene sus cosas malas. En efecto, pero la linea que delimita lo que es aceptable y lo que no puede ser claramente vista si nos ponemos a reflexionar en la naturaleza del trabajo, hasta que nivel está en conflicto con tu dignidad como persona, qué bien o mal le hace a la sociedad, y finalmente... cómo hace que te veas frente a otros.

Basado en lo anterior, hay empleos que jamás tomaría. Antes me dedicaría al crimen. Antes mendigaría (y además asaltaría a los transeúntes que me vieran feo). Muchos dicen que no hay que decir "De esta agua no beberé", mas cuando se trata de orina en vez de agua, puedo afirmar sin temor a equivocarme que jamás seré parte de eso. Los trabajos que jamás haría son los siguientes:

1) Reportero/periodista en éste país

No creo exista ya el periodismo serio, objetivo, y profesional. En vez de ello, tenemos a un montón de amarillistas alimentando con gusto el morbo de la gente enferma que gusta de programas de chismes y tonterías de los artistas que en verdad no necesitan saber. O bien, orientados a asustar a la población exagerando notas concernientes a accidentes, o a incidentes relativos al crimen u otro de los temas que hacen las delicias de los que los siguen. De por sí el crimen tiene ya al país todo envergado, y ellos a la verga le añaden picos y que escupa fuego.

Los medios siempre se deben a algun grupo que les controla. Por ello, son tendenciosos y manipuladores. Y por si fuera poco, los individuos que escogen como reporteros son de lo más desagradables. Su trabajo es molestar y ser imprudentes. "Señora, dígale por favor al teleauditorio cómo se siente al ver despanzurrados a su esposo y su hija en el coche. Mire, mire, se ven como cuando uno pisa caca de caballo.", mientras le acercan el micrófono a la pobre mujer.

Y no hay que olvidar cómo corren. Cada que estoy cambiándole a los canales y veo esa imagen donde el montón de idiotas van cargados de cámaras y micrófonos detrás de alguien, apretujándose contra él/ella, impidiéndole la salida al vehiculo que transporta a tal o cual persona, deseo fervientemente que alguien se irrite y abra fuego contra todos ellos. Me dan asco los reporteros, su poca seriedad, su nulo respeto a la privacidad y libertad de la gente, su forma pendeja de emitir juicios que nadie con cerebro quisiera oír, sobre todo los que son de Espectáculos. Nunca querría trabajar ahí.

2) Promotor/Vendedor

¿Han visto a esos que están en centros comerciales y todo mundo intenta en vano esquivarlos? Seguro que sí. Éstos pueden estar promocionando tarjetitas, planes vacacionales, o alguna otra mierda que la gente no necesita tampoco. Los hay quienes se te acercan autoritarios, como si fuera tu obligación comprarles lo que venden, y hasta te hacen jeta o algún comentario sarcástico aunque de buena forma les hayas dicho "No, gracias", o están los confianzudos que te extienden la mano y te dicen "amigo(a)", pero te ponen jeta igual como el anterior.

Hace poco una vieja así se me acercó y me dio la mano de esa forma. Con educación le dije la verdad: que llevaba prisa y no podía quedarme. Me respondió groseramente, levantando la voz "Graciaaaas! Si ni te estaba vendiendo nada, FIJATEEEE", y se volteó. Me obligó con esto a decirle: "¿Y quién chingados dijo que me estuvieras vendiendo algo? Mejor vete de puta, nadamás no les hables con esa voz". Dicho esto, me alejé dejándola junto con unos vatitos compañeros suyos, con el hocico abierto sin saber que contestar.

Que autoestima tan baja se necesita para hacer eso, de verdad. Estar acercándote a vender basura a gente que por todos los medios quiere evitarte. Si fuera un producto de calidad y que mejorara la vida de las personas, al menos habria un justificante. Pero el estar en eso, teniendo sin duda a algun pendejete de jefe picandote la cola para que sonrias, y ganando una pinche babita, que asco. Tarjetitas, casi siempre, es lo que te quieren atascar. Que se pongan a vender droga o las nalgas, mejor. Esos si son articulos con demanda.

3) Policia / Tránsito / Militar

Odiaría tener que arriesgar mi pellejo por gente que no supiera apreciarlo, y por un sueldo pedorro. Porque de nada serviría ser de los buenos que no anda jodiendo al prójimo dando mordidas, de todos modos la fama del puesto me precedería, y a los ojos de todo mundo seria un perro más. No podría culparlos por ello.

¡Peor aun! Que no se me ocurriera no cumplirle con la cuota al jefe, porque quien sabe que chingadera me harían. Tendría que lidiar aparte con los grupos criminales, con lo cual o me tendría que volver corrupto o aceptar la idea de en cualquier momento aparecer como pollo violado... todo por andar en eso.

Y en cuanto a los militares, me merecen todo mi respeto. Admiro su labor y valentia, pero no es para mi. Simplemente yo no aceptaría vivir sin la comida que yo quiera, vestir como quiera, y lo peor de todo: tener que bañarme con otros cabrones. A la chingada. Yo cuido y quiero a mi culo. Yo a mi culo y a mi pene les canto la de Timbiriche: "Tu y yo somos uno mismo", y están reservados para que los vean sólo las mujeres y el médico, si se llega a ofrecer (que se ofrezca la ocasión, no que se ofrezca el culo).

4) Futbolista

Vitoreado o criticado por nacos, formando parte de un malamente endiosado deporte lleno de hostilidad y barriobajez. Ganarse la vida a base de patear una pelotita mientras correteas con otros que, como tu, andan en pantaloncitos.

También tiene ese toque encantador de lo que son los baños en grupo, y para rematar: podrás hacer dinero con madre, pero nunca sabes cuando una lesión acabará contigo. Y no todos se vuelven estrellas, ya depende de tu suerte, y la mala suerte es más probable. Y entonces dejarías de valer algo para nadie. Un trabajo absurdo, y además ingrato.

5) Empleado de funeraria

Un desfile interminable de cadáveres, que quién sabe de qué morirían, y tener que desnudarlos, limpiarlos, y prepararlos. Muchos de ellos pueden venir atascados de caca y de orina. Además, según el caso hay que poner cuidado extra con cada parte. La familia no querrá recordar a su ser querido en alguna expresión grotesca.

Una vez fui a un velorio, y le pregunté a uno de los de la funeraria, que supongo sería el jefe ya que estaba tirando hueva sentado en su escritorio, por el baño. Se puso mamón porque creyó que ni había ido yo al velorio realmente, y que solo quería ir a mear. Me puse a discutir con él y me di cuenta de una cosa: algo "hueco" se notaba en él, en su expresión, sobre todo en sus ojos. Lo que algunos podrian llamar el alma se le había ido a ese cabrón. Por eso no entendía, ni razonaba, y se limitaba a ser tan elocuente y dinámico como Largo de la Familia Addams.

Además, es un trabajo en el que no podrias ni bromear a gusto, y tampoco platicar y chismear como a veces sea hace durante el día para relajarse. ¿Se imaginan? - "Oye, viste al cabrón que recién llegó? No mames, el pinche viejo murió cogiéndose a una jovencita y se quedó tieso de volada, la jeta le quedó como el cuadro de El Grito". No faltaría quien fuera a acusarte de que te oyó diciendo "cosas feas". ¿Qué tal si el muerto tenia una cara o cuerpo graciosos, o el nombre? Pase lo que pase, tendrías que mantener la compostura y estar con la vestimente y el ánimo de un buitre todos los días.

Y recordemos, nunca hay mujeres guapas de empleadas en una funeraria. Y no podrías intentar ligarte a las dolientes. No a todas les caería bien el que les recuerdes que el muerto al pozo, y el vivo al gozo.

Ciertamente el tipo de oficio que te causaría náusea y/o sueños perturbadores, además de frustrarte tus necesidades como ser humano. Malo, muy malo.

6) Taxista

No importa lo bonito que algunos lo quieran hacer parecer en cuestión de que alguna pasajera buenona paga su viaje con sexo oral, u otra aventura que cuenten, el trabajo de taxista es una mierda. Así de simple.

Dicho sea por ellos mismos, es un trabajo donde fácilmente aflora la infidelidad, tanto la de ellos como la de sus esposas en casa. Se arriesgan aparte a asaltos, a accidentes, a abusos por parte de la autoridad y además de sus empleadores. Sus jornadas de trabajo son espantosamente extensas, al grado de destruir efectivamente su vida social. No pueden salir, no hacen más que comer, coger, dormir, y andar en el taxi. Adiós a cualquier otra cosa. Una rutina que a un verdadero ser humano no podría hacer sentir pleno. Ah si, y por si fuera poco, con una pésima paga.

Así de jodido, también tienen que aguantar que, por ser taxistas, de inmediato den por sentado que son ellos quienes la cagaron cuando hay un accidente de tránsito, como si solo ellos hicieran pendejadas al volante. Y se tienen que chutar a l@s borrach@s, la cual no es una tarea fácil. Una vez un taxista me contó que subió a dos viejas en la madrugada que venian de un antro. Durante el camino iban serias, pero de pronto empezaron a reírse así pendejamente como a veces hacen las mujeres cuando traen algo entre manos (que es cuando andan viendole las nalgas o la reata a un wey, cuando ya rompieron o jodieron algo, o cuando se enteraron de algo sobre una tercera persona que en realidad no es importante). Aquí el caso fue la 2da opción. Cuando las dejó, vio que le habían meado el carro.

¿Qué hizo el taxista? Cuando me lo platicó no lo podía creer. Por un tiempo estuvo yendo a la casa a la que las habia dejado, gritaba "¡Ahi va la mierda, culeras!" y les aventaba su propia caca, la cual guardaba celosamente para poder ir a tirar sus bombas fecales. No es broma, el tipo me lo contó, e insistió en que si lo hizo. ¿Y saben qué? Con un trabajo así de ojete y desquiciante, sí se lo creí.

7) Maestro de primaria

Los niños son odiosos, son el reflejo sin diluir de los defectos de sus inútiles padres, una maximización de sus defectos combinada con la energía propia de la juventud. Un maestro de primaria es un niñero, alguien a quien en vez de confiarle solo la tarea de enseñar como debe ser, se le endilga la obligación de compensar la pobre y deficiente educación que les han dado sus progenitores.

Y que no toque algun padre agresivo o paranoico, o las pinches señoras urracas que no tienen ni la decencia de ponerse ropa al ir a dejar a su hijo a la escuela en vez de ir en bata y con los pelos como estropajo, porque a pesar de lo evidentemente malos que son como modelos para sus hijos, le echarán la culpa al maestro. En resumidas cuentas, es ser maestro además de psicólogo y departamento de quejas. Todo esto seria aceptable si triplicaran el sueldo, pero obviamente no es así.

Aclaro que esto sería estrictamente sobre la primaria. Si me saliera una vacante en un nivel superior de educación como maestro, de pendejo digo que no.

8) Sacerdote

Serlo es ser compinche de una de las organizaciones más mentirosas, manipuladoras, y entorpecedoras de la evolución que hay, además de favorecer los actos abominables contra niños y la discriminación hacia las mujeres tan presente en su doctrina y tradiciones (y con todo y eso, ahi siguen de pendejas apoyando a semejante mafia religiosa). Darle misterios y palabras vagas a la gente en vez de soluciones directas y racionales, y promover doctrinas y juicios de conducta caducos. No, gracias. Y bien podría elaborar mas sobre el tema, pero ya las últimas noticias y declaraciones de la Iglesia Católica hablan por si mismas.

9) Conserje / Basurero

Limpiar la variada suciedad de tantos. El montón de cosas que puedes hallar: pegajosas, babosas, apestosas. Tener que poner gran empeño en dejar limpio un sitio que pronto quedará enmierdado otra vez. Ser alguien que convive de cerca con la basura, y al cual la gente ingrata ve de la misma forma.

La basura solo es divertida en las caricaturas. Como en los Simpsons, cuando Homero va al basurero y se encuentra con la caja de Mr. Chispa. En realidad, lo que hay ahi son cosas pegosteosas, babosas, insalubres, y ultimadamente peligrosas. Además, la gente se entrena a ver a los conserjes o basureros como una "imagen de fondo". No es que todos los traten mal, pero fíjense y lo notaran: son como si estuvieran en otra dimensión sobrepuesta a la nuestra, como si estuvieras tras un vidrio y, al igual que los roadies de las bandas de rock, se espera que hagan su trabajo manteniéndose fuera de vista y sin hacer ruido.

Por su parte, los que recogen la basura son vistos de igual forma, pero con una variante: ven y huelen cantidades mayores de mierda. Y si para los empleados de municipio es gacho, aún más con esos señores que aun andan en carretas tiradas por caballo. Y siempre traen a algun niño con ellos. Y si eso es deprimente, deberian ver las colonias donde viven esas familias. No mames, la única cosa buena que sale de eso es que los niños desarrollan unas defensas en su cuerpo tan cabronas como Wolverine de los XMEN. Y cómo no iban a hacerlo, si incluso alrededor de sus casas hay montañas de porquería tan variada, que capaz que las ratas ya salen con tres cabezas.

10) Cualquiera que involucre un sitio hostil / inhóspito

Y digan lo que digan, aunque me presenten toda la historia del lugar, lo defiendan a capa y espada, señalándome que es un pensamiento cerrado y la chingada, mi sentir es éste:

¿Estar en territorio afgano lleno de salvajes como los chiitas, Talibanes, Al Qaeda, eludiendo balazos de gente autodestructiva y fanática? ¿Estar en algún sitio con horribles nevadas donde no puedo ni sacarme la reata para mear porque se puede congelar y caer? ¿Estar en África, a merced de moscos, animales, salvajes, y enfermedades, sin mencionar un calor insoportable? NO, GRACIAS. PURA MADRE.

Obviamente hay muchos trabajos peores. Hasta se encuentran listas en internet de los peores trabajos hoy día. Lo único que puedo decir es que hay que cruzar los dedos y ponerse en chinga, para evitar caer en un lugar donde uno no quiere estar, ya que si no estás en paz con lo que te toca hacer a diario, ¿Cómo vas a hallarla en otra parte?

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30 ago. 2009

Tractat del Lobo Estepario

Lobo Estepario de Hermann Hesse

No para cualquiera

Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida. Esto no pudo conseguirlo. Acaso ello proviniera de que en el fondo de su corazón sabía (o creía saber) en todo momento que no era realmente un ser humano, sino un lobo de la estepa. Que discutan los inteligentes acerca de si era en realidad un lobo, si en alguna ocasión, acaso antes de su nacimiento ya, había sido convertido por arte de encantamiento de lobo en hombre, o si había nacido desde luego hombre, pero dotado del alma de un lobo estepario y poseído o dominado por ella, o por último, si esta creencia de ser un lobo no era más que un producto de su imaginación o de un estado patológico. No dejaría de ser posible, por ejemplo, que este hombre, en su niñez, hubiera sido acaso fiero e indómito y desordenado, que sus educadores hubiesen tratado de matar en él a la bestia y precisamente por eso hubieran hecho arraigar en su imaginación la idea de que, en efecto, era realmente una bestia, cubierta sólo de una tenue funda de educación y sentido humano. Mucho e interesante podría decirse de esto y hasta escribir libros sobre el particular; pero con ello no se prestaría servicio alguno al lobo estepario, pues para él era completamente indiferente que el lobo se hubiera introducido en su persona por arte de magia o a fuerza de golpes, o que se tratara sólo de una fantasía de su espíritu. Lo que los demás pudieran pensar de todo esto, y hasta lo que él mismo de ello pensara, no tenía valor para el propio interesado, no conseguiría de ningún modo ahuyentar al lobo de su persona.

El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro. Se han visto ya muchos hombres que dentro de sí tenían no poco de perro, de zorro, de pez o de serpiente, sin que por eso hubiesen tenido mayores dificultades en la vida. En esta clase de personas vivían el hombre y el zorro, o el hombre y el pez, el uno junto al otro, y ninguno de los dos hacía daño a su compañero, es más, se ayudaban mutuamente, y en muchos hombres que han hecho buena carrera y son envidiados, fue más el zorro o el mono que el hombre quien hizo su fortuna. Esto lo sabe todo el mundo. En Harry, por el contrario, era otra cosa; en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible. Pero en fin, cada uno tiene su suerte, y fácil no es ninguna. Ahora bien, a nuestro lobo estepario ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre; pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho, observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento, o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las llamadas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta conciencia de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a ratos sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo llamaba animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud.

Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente una vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más decepcionados e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto.

Quien, sin embargo, suponga que conoce al lobo estepario y que puede imaginarse su vida deplorable y desgarrada, está, no obstante, equivocado, no sabe, ni con mucho, todo. No sabe (ya que no hay regla sin excepción y un solo pecador es en determinadas circunstancias preferido de Dios a noventa y nueve justos) que en el caso de Harry no dejaba de haber excepciones y momentos venturosos, que él podía dejar respirar, pensar y sentir alguna vez al lobo y alguna vez al hombre con libertad y sin molestarse, es más, que en momentos muy raros, hacían los dos alguna vez las paces y vivían juntos en amor y compañía, de modo que no sólo dormía el uno cuando el otro velaba, sino que ambos se fortalecían y cada uno de ellos redoblaba el valor del otro. También en la vida de este hombre parecía, como por doquiera en el mundo, que con frecuencia todo lo habitual, lo conocido, lo trivial y lo ordinario no habían de tener más objeto que lograr aquí o allí, un intervalo aunque fuera pequeñísimo, una interrupción, para hacer sitio a lo extraordinario, a lo maravilloso, a la gracia. Si estas horas breves y raras de felicidad compensaban y amortiguaban el destino siniestro del lobo estepario, de manera que la ventura y el infortunio en fin de cuentas quedaban equiparados, o si acaso todavía más, la dicha corta, pero intensa de aquellas pocas horas absorbía todo el sufrimiento y aun arrojaba un saldo favorable, ello es de nuevo una cuestión, sobre la cual la gente ociosa puede meditar a su gusto. También el lobo meditaba con frecuencia sobre ella, y éstos eran sus días más ociosos e inútiles.

A propósito de esto, aún hay que decir una cosa. Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre. Y estas personas, cuya existencia es muy agitada, viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento, que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante a otras personas. Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte, en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino, que su dicha luce como una estrella, y a todos aquellos que la ven, les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad. Todos estos hombres, llámense como se quieran sus hechos y sus obras, no tienen realmente, por lo general, una verdadera vida, es decir, su vida no es ninguna esencia, no tiene forma, no son héroes o artistas o pensadores a la manera como otros son jueces, médicos, zapateros o maestros, sino que su existencia es un movimiento y un flujo y reflujo eternos y penosos, está infeliz y dolorosamente desgarrada, es terrible y no tiene sentido, si no se está dispuesto a ver dicho sentido precisamente en aquellos escasos sucesos, hechos, ideas y obras que irradian por encima del caos de una vida así. Entre los hombres de esta especie ha surgido el pensamiento peligroso y horrible de que acaso toda la vida humana no sea sino un tremendo error, un aborto violento y desgraciado de la madre universal, un ensayo salvaje y horriblemente desafortunado de la naturaleza. Pero también entre ellos es donde ha surgido la otra idea de que el hombre acaso no sea sólo un animal medio razonable, sino un hijo de los dioses y destinado a la inmortalidad.

Toda especie humana tiene sus caracteres, sus sellos, cada una tiene sus virtudes y sus vicios, cada una, su pecado mortal. A los caracteres del lobo estepario pertenecía el que era un hombre nocturno. La mañana era para él una mala parte del día, que le asustaba y que nunca le trajo nada agradable. Nunca estuvo verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida, nunca hizo nada bueno en las horas antes de mediodía, nunca tuvo buenas ocurrencias ni pudo proporcionarse a sí mismo ni a los demás alegrías en esas horas. Sólo en el transcurso de la tarde se iba entonando y animando, y únicamente hacia la noche se mostraba, en sus buenos días, fecundo, activo y a veces fogoso y alegre. Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una cancillería, un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte, y lo más terrible que pudo vivir en sueños fue la reclusión en un cuartel. A todas estas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo que les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy íntimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logró obtenerlo, pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca el placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzó su objetivo, fue cada vez más independiente, nadie tenía nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia. Este era uno de los caracteres más importantes de su vida.

Lobo Estepario de Hermann Hesse

Otro era que había que clasificarlo entre los suicidas. Aquí debe decirse que es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan realmente. Entre éstas hay, sin embargo, muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidismo. Entre los hombres sin personalidad, sin sello marcado, sin fuerte destino, entre los hombres adocenados y de rebaño hay muchos que perecen por suicidio, sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas, en tanto que, por otra parte, de aquellos que por su naturaleza deben contarse entre los suicidas, muchos, quizá la mayoría, no ponen nunca mano sobre sí en la realidad. El «suicida» -y Harry era uno- no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte; esto puede darse también sin ser suicida. Pero es peculiar del suicida sentir su yo, lo mismo da con razón que sin ella, como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, que se considera siempre muy expuesto y en peligro, como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca, donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para precipitarlo en el vacío. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de ninguna manera una. fuerza vital especialmente debilitada; por el contrario, entre los «suicidas» se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas, que llamamos «suicidas», y que son siempre muy delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse intensamente a la idea del suicidio. Si tuviéramos una ciencia con el valor y la fuerza de responsabilidad para ocuparse del hombre y no solamente de los mecanismos de los fenómenos vitales, si tuviéramos algo como lo que debiera ser una antropología, algo así como una psicología, serían conocidas estas realidades de todo el mundo.

Lo que hemos dicho aquí acerca de los suicidas se refiere todo, naturalmente, a la superficie, es psicología, esto es, un pedazo de física. Metafísicamente considerada, la cuestión está de otro modo y mucho más clara, pues en este sentido los «suicidas» se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individuación, como aquellas almas para las cuales ya no es fin de su vida sus propias perfección y evolución, sino su disolución, tornando a la madre, a Dios, al todo. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real, porque han reconocido profundamente su pecado. Para nosotros, son, sin embargo, suicidas, pues ven la redención en la muerte, no en la vida; están dispuestos a eliminarse y entregarse, a extinguirse y volver al principio.
Como toda fuerza puede también convertirse en una flaqueza (es más, en determinadas circunstancias se convierte necesariamente), así puede a la inversa el suicida típico hacer a menudo de su aparente debilidad una fuerza y un apoyo, lo hace en efecto con extraordinaria frecuencia. Entre estos casos cuenta también el de Harry, el lobo estepario. Como millares de su especie, de la idea de que en todo momento le estaba abierto el camino de la muerte no sólo se hacía una trama fantástica melancólico infantil, sino que de la misma idea se forjaba un consuelo y un sostén. Ciertamente que en él, como en todos los individuos de su clase, toda conmoción, todo dolor, toda mala situación en la vida, despertaba al punto el deseo de sustraerse a ella por medio de la muerte. Pero poco a poco se creó de esta predisposición una filosofía útil para la vida. La familiaridad con la idea de que aquella salida extrema estaba constantemente abierta, le daba fuerza, lo hacía curioso para apurar los dolores y las situaciones desagradables, y cuando le iba muy mal, podía expresar su sentimiento con feroz alegría, con una especie de maligna alegría:

«Tengo gran curiosidad por ver cuánto es realmente capaz de aguantar un hombre. En cuanto alcance el límite de lo soportable, no habrá más que abrir la puerta y ya estaré fuera.» Hay muchos suicidas que de esta idea logran extraer fuerzas extraordinarias.

Por otra parte, a todos los suicidas les es familiar la lucha con la tentación del suicidio. Todos saben muy bien, en alguno de los rincones de su alma, que el suicidio es, en efecto, una salida, pero muy vergonzante e ilegal, que en el fondo, es más noble y más bello dejarse vencer y sucumbir por la vida misma que por la propia mano. Esta conciencia, esta mala conciencia, cuyo origen es el mismo que el de la mala conciencia de los llamados autosatisfechos, obliga a los suicidas a una lucha constante contra su tentación. Estos luchan, como lucha el cleptómano contra su vicio. También al lobo estepario le era perfectamente conocida esta lucha; con toda clase de armas la había sostenido. Finalmente, llegó, a la edad de unos cuarenta y siete años, a una ocurrencia feliz y no exenta de humorismo, que le producía gran alegría. Fijó la fecha en que cumpliera cincuenta años como el día en el cual había de poder permitirse el suicidio. En dicho día, así lo convino consigo mismo, habría de estar en libertad de utilizar la salida para caso de apuro, o no utilizarla, según el cariz del tiempo. Aunque le pasase lo que quisiera, aunque se pusiera enfermo, perdiese su dinero, experimentara sufrimientos y amarguras, ¡todo estaba emplazado, todo podía a lo sumo durar estos pocos años, meses, días, cuyo número iba disminuyendo constantemente! Y, en efecto, soportaba ahora con mucha más facilidad muchas incomodidades que antes lo martirizaban más y más tiempo, y acaso lo conmovían hasta los tuétanos. Cuando por cualquier motivo le iba particularmente mal, cuando a la desolación, al aislamiento y a la depravación de su vida se le agregaban además dolores o pérdidas especiales, entonces podía decirles a los dolores: «¡Esperad dos años no más y seré vuestro dueño!» Y luego se abismaba con cariño en la idea de que el día en que cumpliera los cincuenta años, llegarían por la mañana las cartas y las felicitaciones, mientras que él, seguro de su navaja de afeitar, se despedía de todos los dolores y cerraba la puerta tras sí. Entonces verían la gota en las articulaciones, la melancolía, el dolor de cabeza y el dolor de estómago dónde se quedaban.

Aún resta explicar el fenómeno específico del lobo estepario y, sobre todo, su relación particular con la burguesía, refiriendo estos hechos a sus leyes fundamentales. Tomemos como punto de partida, puesto que ello se ofrece por sí mismo, aquella su relación con lo «burgués».

El lobo estepario estaba, según su propia apreciación, completamente fuera del mundo burgués, ya que no conocía ni vida familiar ni ambiciones sociales. Se sentía en absoluto como individualidad aislada, ya como ser extraño y enfermizo anacoreta, ya como hipernormal, como un individuo de disposiciones geniales y elevado sobre las pequeñas normas de la vida corriente. Consciente, despreciaba al hombre burgués y tenía a orgullo no serlo. Esto no obstante, vivía en muchos aspectos de un modo enteramente burgués; tenía dinero en el Banco y ayudaba a parientes pobres, es verdad que se vestía sin atildamiento, pero con decencia y para no llamar la atención; procuraba vivir en buena paz con la Policía, con el recaudador de contribuciones y otros poderes parecidos. Pero, además, lo atraía también un fuerte y secreto afán constante hacia el mundo de la pequeña burguesía, hacia las tranquilas y decentes casas de familia, con jardinillos limpios, escaleras relucientes y toda su modesta atmósfera de orden y de pulcritud. Le gustaba tener sus pequeños vicios y sus extravagancias, sentirse extraburgués, como ente raro o como genio, pero no habitaba ni vivía nunca, por decirlo así, en los suburbios de la vida, donde no hay burguesía ya. Ni estaba en su elemento entre los hombres violentos y de excepción, ni entre los criminales y mal avenidos con la ley, sino que se quedaba siempre viviendo en los dominios de la burguesía, con cuyos hábitos, normas y ambiente no dejaba de estar en relación, aunque fuera antagónica y rebelde. Además, se había criado en una educación de pequeña burguesía y había conservado desde entonces una multitud de conceptos y rutinas. Teóricamente no tenía nada contra la prostitución, pero hubiera sido incapaz de tomar en serio personalmente a una prostituta y de considerarla realmente como su igual. Al acusado de delitos políticos, al revolucionario o al inductor espiritual perseguido por el Estado y por la sociedad podía estimar como a un hermano, pero con un ladrón, salteador o asesino no hubiese sabido qué hacerse, como no fuera compadecerlos de un modo un tanto burgués.

De esta manera reconocía y afirmaba siempre con una mitad de su ser y de su actividad, lo que con la otra mitad negaba y combatía. Educado con severidad y buenas costumbres en una casa culta de la burguesía, estaba siempre apegado con parte de su alma a los órdenes de este mundo, aun después de haberse individualizado hacía mucho tiempo por encima de toda medida posible en un ambiente burgués y de haberse libertado del contenido ideal y del credo de la burguesía.

Lo «burgués», pues, como un estado siempre latente dentro de lo humano, no es otra cosa que el ensayo de una compensación, que el afán de un término medio de avenencia entre los numerosos extremos y dilemas contrapuestos de la humana conducta. Si tomamos como ejemplo cualquiera de estos dilemas de contraposición, a saber, el de un santo y un libertino, se comprenderá al punto nuestra alegría. El hombre tiene la facultad de entregarse por entero a lo espiritual, al intento de aproximación a lo divino, al ideal de los santos. Tiene también, por el contrario, la facultad de entregarse por completo a la vida del instinto, a los apetitos sensuales y de dirigir todo su afán a la obtención de placeres del momento. Uno de los caminos acaba en el santo, en el mártir del espíritu, en la propia renunciación y sacrificio por amor a Dios. El otro camino acaba en el libertino, en el mártir de los instintos, en el propio sacrificio en aras de la descomposición y el aniquilamiento. Ahora bien, el burgués trata de vivir en un término medio confortable entre ambas sendas. Nunca habrá de sacrificarse o de entregarse ni a la embriaguez ni al ascetismo, nunca será mártir ni consentirá en su aniquilamiento. Al contrario, su ideal no es sacrificio, sino conservación del yo, su afán no se dirige ni a la santidad ni a lo contrario; la incondicionalidad le es insoportable; sí quiere servir a Dios, pero también a los placeres del mundo; sí quiere ser virtuoso, pero al mismo tiempo pasarlo en la tierra un poquito bien y con comodidad. En resumen, trata de colocarse en el centro, entre los extremos, en una zona templada y agradable, sin violentas tempestades ni tormentas, y esto lo consigue, desde luego, aun a costa de aquella intensidad de vida y de sensaciones que proporciona una existencia enfocada hacia lo incondicional y extremo. Intensivamente no se puede vivir más que a costa del yo. Pero el burgués no estima nada tanto como al yo (claro que un yo desarrollado sólo rudimentariamente). A costa de la intensidad alcanza seguridad y conservación; en vez de posesión de Dios, no cosecha sino tranquilidad de conciencia; en lugar de placer, bienestar; en vez de libertad, comodidad; en vez de fuego abrasador, una temperatura agradable. El burgués es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación.

Es evidente que este ser débil y asustadizo, aun existiendo en cantidad tan considerable, no puede sostenerse, que por razón de sus cualidades no podría representar en el mundo otro papel que el de rebaño de corderos entre lobos errantes. Sin embargo, vemos que, aunque en tiempos de los gobiernos de naturalezas muy vigorosas el ciudadano burgués es inmediatamente aplastado contra la pared, no perece nunca, y a veces hasta se nos antoja que domina en el mundo. ¿Cómo es esto posible? Ni el gran número de sus rebaños, ni la virtud, ni el common sense, ni la organización serían lo bastante fuertes para salvarlo de la derrota. No hay medicina en el mundo que pueda sostener a quien tiene la intensidad vital tan debilitada desde el principio. Y sin embargo, la burguesía vive, es poderosa y próspera. ¿Por qué?

La respuesta es la siguiente: por los lobos esteparios. En efecto, la fuerza vital de la burguesía no descansa en modo alguno sobre las cualidades de sus miembros normales, sino sobre las de los extraordinariamente numerosos outsiders que puede contener aquélla gracias a lo desdibujado y a la elasticidad de sus ideales. Viven siempre dentro de la burguesía una gran cantidad de temperamentos vigorosos y fieros. Nuestro lobo estepario, Harry, es un ejemplo característico. Él, que se ha individualizado mucho más allá de la medida posible a un hombre burgués, que conoce las delicias de la meditación, igual que las tenebrosas alegrías del odio a todo y a sí mismo, que desprecia la ley, la virtud y el common sense es un adepto forzoso de la burguesía y no puede sustraerse a ella. Y así acampan en torno de la masa burguesa, verdadera y auténtica, grandes sectores de la humanidad, muchos millares de vidas y de inteligencias, cada una de las cuales, aunque se sale del marco de la burguesía y estaría llamada a una vida de incondicionalidades, es, sin embargo, atraída por sentimientos infantiles hacia las formas burguesas y contagiada un tanto de su debilitación en la intensidad vital, se aferra de cierta manera a la burguesía, quedando de algún modo sujeta, sometida y obligada a ella. Pues a ésta le cuadra, a la inversa, el principio de los poderosos: «Quien no está contra mí, está conmigo.»

Si examinamos en este aspecto el alma del lobo estepario, se nos manifiesta éste como un hombre al cual su grado elevado de individuación lo clasifica ya entre los no burgueses, pues toda individuación superior se orienta hacia el yo y propende luego a su aniquilamiento. Vemos cómo siente dentro de sí fuertes estímulos, tanto hacia la santidad como hacia el libertinaje, pero a causa de alguna debilitación o pereza no pudo dar el salto en el insondable espacio vacío, quedando ligado al pesado astro materno de la burguesía. Esta es su situación en el Universo, éste su atadero. La inmensa mayoría de los intelectuales, la mayor parte de los artistas pertenecen a este tipo. Únicamente los más vigorosos de ellos traspasan la atmósfera de la tierra burguesa y llegan al cosmos, todos los demás se resignan o transigen, desprecian la burguesía y pertenecen a ella sin embargo, la robustecen y glorifican, al tener que acabar por afirmaría para poder seguir viviendo. Estas numerosas existencias no llegan a lo trágico, pero sí a un infortunio y a una desventura muy considerables, en cuyo infierno han de cocerse y fructificar sus talentos. Los pocos que consiguen desgarrarse con violencia, logran lo absoluto y sucumben de manera admirable; son los trágicos, su número es reducido. Pero a los otros, a los que permanecen sometidos, cuyos talentos son con frecuencia objeto de grandes honores por parte de la burguesía, a éstos les está abierto un tercer imperio, un mundo imaginario, pero soberano: estos mártires perpetuos, a los cuales les es negada la potencia necesaria para lo trágico, para abrirse camino hasta los espacios siderales, que se sienten llamados hacia lo absoluto y, sin embargo, no pueden vivir en él: a ellos se les ofrece, cuando su espíritu se ha fortalecido y se ha hecho elástico en el sufrimiento, la salida acomodaticia al humorismo. El humorismo es siempre un poco burgués, aun cuando el verdadero burgués es incapaz de comprenderlo. En su esfera imaginaria encuentra realización el ideal enmarañado y complicado de todos los lobos esteparios: aquí es posible no sólo afirmar a la vez al santo y al libertino, plegando los polos hasta juntarlos, sino comprender además en la afirmación al propio burgués. Al poseído de Dios le es, sin duda, muy posible afirmar al criminal, y viceversa; pero a ambos, y a todos los otros seres absolutos, les es imposible afirmar aquel término tibio y neutral, lo burgués. Sólo el humorismo, el magnífico invento de los detenidos en su llamamiento hacia lo más grande, de los casi trágicos, de los infelices de la máxima capacidad, sólo el humorismo (quizás el producto más característico y más genial de la humanidad) lleva a cabo este imposible, cubre y combina todos los círculos de la naturaleza humana con las irradiaciones de sus prismas. Vivir en el mundo, como si no fuera el mundo, respetar la ley y al propio tiempo estar por encima de ella, poseer, «como si no se poseyera», renunciar, como si no se tratara de una renunciación -tan sólo el humorismo está en condiciones de realizar todas estas exigencias, favoritas y formuladas con frecuencia, de una sabiduría superior de la vida.

Y en caso de que el lobo estepario, a quien no faltan facultades y disposición para ello, lograra en el laberinto de su infierno acabar de cocer y de transpirar esta bebida mágica, entonces estaría salvado. Aún le falta mucho para ello. Pero la posibilidad, la esperanza, existe. Quien lo quiera, quien sienta simpatías por él, debe desearle esta salvación. Ciertamente que de este modo él se quedaría para siempre dentro de lo burgués, pero sus tormentos serían llevaderos y fructíferos. Su relación con la burguesía, en amor y en odio, perdería la sentimentalidad, y su ligadura a este mundo cesaría de martirizarlo constantemente como una vergüenza.
Para alcanzar esto o acaso para, al final, poder todavía osar el salto en el espacio, tendría un lobo estepario así que enfrentarse alguna vez consigo mismo, mirar hondamente en el caos de la propia alma y llegar a la plena conciencia de sí. Su existencia enigmática se le revelaría al instante en su plena invariabilidad, y a partir de entonces sería imposible volver a refugiarse una y otra vez desde el infierno de sus instintos en los consuelos filosófico-sentimentales, y de éstos en el ciego torbellino de su esencia lobuna. El hombre y el lobo se verían obligados a reconocerse mutuamente, sin caretas sentimentales engañosas, y a mirarse fijamente a los ojos. Entonces, o bien explotarían, disgregándose para siempre, de modo que se acabara el lobo estepario, o bien concertarían un matrimonio de razón a la luz naciente del humorismo.

Es posible que Harry se encuentre un día ante esta última posibilidad. Es posible que un día llegue a reconocerse, bien porque caiga en sus manos uno de nuestros pequeños espejos, o porque tropiece con los inmortales, o porque encuentre quizás en uno de nuestros teatros de magia aquello que necesita para la liberación de su alma abandonada en la miseria. Mil posibilidades así lo aguardan, su destino las atrae con fuerza irresistible, todos estos individuos al margen de la burguesía viven en la atmósfera de estas posibilidades. Una insignificancia basta, y surge la chispa. Y todo esto lo conoce muy bien el lobo estepario, aun cuando no llegue nunca a ver este trozo de su biografía interna. Presiente su situación dentro del edificio del mundo, presiente y conoce a los inmortales, presiente y teme la posibilidad de un encuentro consigo mismo, sabe de la existencia de aquel espejo, en el cual siente tan terrible necesidad de mirarse y en el cual teme con mortal angustia verse reflejado. Para terminar nuestro estudio queda por resolver todavía una última ficción, una mixtificación fundamental. Todas las «aclaraciones», toda la psicología, todos los intentos de comprensión necesitan, desde luego, de los medios auxiliares, teorías, mitologías, ficciones; y un autor honrado no debería omitir al final de una exposición la resolución en lo posible de estas ficciones. Cuando digo «arriba» o «abajo», ya es esto una afirmación que necesita explicarse, pues un arriba y un abajo no los hay más que en el pensamiento, en la abstracción. El mundo mismo no conoce ningún arriba ni abajo. Así es también, para decirlo pronto, una mentira el lobo estepario. Cuando Harry se considera a sí mismo como hombre-lobo y piensa que está compuesto de dos seres hostiles y contrarios, ello es puramente una mitología simplificadora. Harry no es un hombre-lobo, y si nosotros también acogimos, aparentemente sin fijarnos, su ficción, por él mismo inventada y creída, tratando de considerarlo y de explicarlo realmente como un ente doble, como lobo estepario, nos aprovechamos de un engaño con la esperanza de ser comprendidos más fácilmente, engaño cuya depuración debe intentarse ahora.

La bidivisión en lobo y hombre, en instinto y espíritu, por la cual Harry procura hacerse más comprensible su sino, es una simplificación muy grosera, una violencia ejercida sobre la realidad en beneficio de una explicación plausible, pero equivocada, de las contradicciones que este hombre encuentra dentro de sí y que le parecen la fuente de sus no escasos sufrimientos. Harry encuentra en sí un «hombre», esto es, un mundo de ideas, sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un «lobo», es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargó, alguna vez que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre. Si Harry quisiera tratar de determinar en cada instante aislado de su vida, en cada uno de sus actos, en cada una de sus sensaciones, qué participación tuviera el hombre y cuál el lobo, se encontraría en un callejón sin salida y se vendría abajo toda su bella teoría del lobo. Pues no hay un solo hombre, ni siquiera el negro primitivo, ni tampoco el idiota, tan lindamente sencillo que su naturaleza pueda explicarse como la suma de sólo dos o tres elementos principales; y querer explicar a un hombre precisamente tan diferenciado como Harry con la división pueril en lobo y hombre, es un intento infantil desesperado. Harry no está compuesto de dos seres, sino de ciento, de millares. Su vida oscila (como la vida de todos los hombres) no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, o el santo y el libertino, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos.

No ha de asombrarnos que un hombre tan instruido y tan inteligente como Harry se tenga por un lobo estepario, crea poder encerrar la rica y complicada trama de su vida en una fórmula tan llana, tan primitiva y brutal. El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas - ¡ especialmente a sí propio!-. Pues, a lo que parece, es una necesidad innata fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad. Y aunque esta quimera sufra con frecuencia algún grave contratiempo y alguna sacudida, vuelve siempre a curar y surgir lozana. El juez, sentado frente al asesino y mirándolo a los ojos, que oye hablar todo un rato al criminal con su propia voz (la del juez) y encuentra además en su propio interior todos los matices y capacidades y posibilidades del otro, vuelve ya al momento siguiente a su propia identidad, a ser Juez, se cobija de nuevo rápidamente en la funda de su yo imaginario, cumple con su deber y condena a muerte al asesino. Y si alguna vez en las almas humanas organizadas delicadamente y de especiales condiciones de talento surge el presentimiento de su diversidad, si ellas, como todos los genios, rompen el mito de la unidad de la persona y se consideran como polipartitas, como un haz de muchos yos, entonces, con sólo que lleguen a expresar esto, las encierra inmediatamente la mayoría, llama en auxilio a la ciencia, comprueba esquizofrenia y protege al mundo de que de la boca de estos desgraciados tenga que oír un eco de la verdad. Pero ¿ a qué perder aquí palabras, a qué expresar cosas cuyo conocimiento se sobreentiende para todo el que piense, pero que no es costumbre expresarlas? Cuando, por consiguiente, un hombre se adelanta a extender a una duplicidad la unidad imaginada del yo, resulta ya casi un genio, al menos en todo caso una excepción rara e interesante. Pero en realidad ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades.

Que cada uno individualmente se afane por tomar a este caos por una unidad y hable de su yo como si fuera un fenómeno simple, sólidamente conformado y delimitado claramente: esta ilusión natural a todo hombre (aun al más elevado) parece ser una necesidad, una exigencia de la vida, lo mismo que el respirar y el comer. La ilusión descansa en una sencilla traslación. Como cuerpo, cada hombre es uno; como alma, jamás. También en poesía, hasta en la más refinada, se viene operando siempre desde tiempo inmemorial con personajes aparentemente completos, aparentemente de unidad. En la poesía que hasta ahora se conoce, los especialistas, los competentes, prefieren el drama, y con razón, pues ofrece (u ofrecería) la posibilidad máxima de representar al yo como una multiplicidad -si a esto no lo contradijera la grosera apariencia de que cada personaje aislado del drama ha de antojársenos una unidad, ya que está metido dentro de un cuerpo solo, unitario y cerrado-. Y es el caso también que la estética ingenua considera lo más elevado al llamado drama de caracteres, en el cual cada figura aparece como unidad perfectamente destacada y distinta. Sólo poco a poco, y visto desde lejos, va surgiendo en algunos la sospecha de que quizá todo esto es una barata estética superficial, de que nos engañamos al aplicar a nuestros grandes dramáticos los conceptos, magníficos, pero no innatos a nosotros, sino sencillamente imbuidos, de belleza de la Antigüedad, la cual, partiendo siempre del cuerpo visible, inventó muy propiamente la ficción del yo, de la persona. En los poemas de la vieja India, este concepto es totalmente desconocido; los héroes de las epopeyas indias no son personas, sino nudos de personas, series de encarnaciones. Y en nuestro mundo moderno hay obras poéticas en las cuales, tras el velo del personaje o del carácter, del que el autor apenas si tiene plena conciencia, se intenta representar una multiplicidad anímica. Quien quiera llegar a conocer esto ha de decidirse a considerar a las figuras de una poesía así no como seres singulares, sino como partes o lados o aspectos diferentes de una unidad superior (sea el alma del poeta). El que examine, por ejemplo, al Fausto de esta manera, obtendrá de Fausto, Mefistófeles, Wagner y todos los demás una unidad, un hiperpersonaje, y únicamente en esta unidad superior, no en las figuras aisladas, es donde se denota algo de la verdadera esencia del alma humana. Cuando Fausto dice aquella sentencia tan famosa entre los maestros de escuela y admirada con tanto horror por el filisteo: Hay viviendo dos almas en mi pecho, entonces se olvida de Mefistófeles y de una multitud entera de otras almas, que lleva igualmente en su pecho. También nuestro lobo estepario cree firmemente llevar dentro de su pecho dos almas (lobo y hombre), y por ello se siente ya fuertemente oprimido. Y es que, claro, el pecho, el cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiarcas, y en el yoga budista se inventó una técnica precisa para desenmascarar el mito de la personalidad. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito, por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años, es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco.

Si observamos desde este punto de vista al lobo estepario, nos explicamos por qué sufre tanto bajo su ridícula duplicidad. Cree, como Fausto, que dos almas son ya demasiado para un solo pecho y habrían de romperlo. Pero, por el contrario, son demasiado poco, y Harry comete una horrible violencia con su alma al tratar de explicársela de un aspecto tan rudimentario. Harry, a pesar de ser un hombre muy ilustrado, se produce como, por ejemplo, un salvaje que no supiera contar más que hasta dos. A un trozo de silo llama hombre; a otro, lobo, y con ello cree estar al fin de la cuenta y haberse agotado. En el «hombre» mete todo lo espiritual, sublimado o, por lo menos, cultivado, que encuentra dentro de sí, y en el «lobo» todo lo instintivo, fiero y caótico. Pero de un modo tan simple como en nuestros pensamientos, de un modo tan grosero como en nuestro ingenuo lenguaje, no ocurren las cosas en la vida, y Harry se engaña doblemente al aplicar esta teoría primitiva del lobo. Tememos que Harry atribuya ya al hombre regiones enteras de su alma que aún están muy distantes del hombre, y en cambio al lobo partes de su ser que hace ya mucho se han salido de la fiera.

Como todos los hombres, cree también Harry que sabe muy bien lo que es el ser humano, y, sin embargo, no lo sabe en absoluto, aun cuando lo sospecha con alguna frecuencia en sueños y en otros estados de conciencia difíciles de comprobar. ¡Si no olvidara estas sospechas! ¡Si al menos se las asimilara en todo lo posible! El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero (éste fue, a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios, el ideal de la Antigüedad), es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo. Lo que los hombres, la mayor parte de las veces, entienden bajo el concepto «hombre», es siempre no más que un transitorio convencionalismo burgués. Ciertos instintos muy rudos son rechazados y prohibidos por este convencionalismo; se pide un poco de conciencia, de civilidad y desbestialización, una pequeña porción de espíritu no sólo se permite, sino que es necesaria. El «hombre» de esta convención es, como todo ideal burgués, un compromiso, un tímido ensayo de ingenua travesura para frustrar tanto a la perversa madre primitiva Naturaleza como al molesto padre primitivo Espíritu en sus vehementes exigencias, y lograr vivir en un término medio entre ellos. Por esto permite y tolera el burgués eso que llama «personalidad»; pero al mismo tiempo entrega la personalidad a aquel moloc «Estado» y enzarza continuamente al uno contra la otra. Por eso el burgués quema hoy por hereje o cuelga por criminal a quien pasado mañana ha de levantar estatuas.

Que el «hombre» no es algo creado ya, sino una exigencia del espíritu, una posibilidad lejana, tan deseada como temida, y que el camino que a él conduce sólo se va recorriendo a pequeños trocitos y bajo terribles tormentos y éxtasis, precisamente por aquellas raras individualidades a las que hoy se prepara el patíbulo y mañana el monumento; esta sospecha vive también en el lobo estepario. Pero lo que él dentro de sí llama «hombre», en contraposición a su «lobo», no es, en gran parte, otra cosa más que precisamente aquel «hombre» mediocre del convencionalismo burgués. El camino al verdadero hombre, el camino a los inmortales, no deja Harry de adivinarlo perfectamente y lo recorre también aquí y allá con timidez muy poco a poco, pagando esto con graves tormentos, con aislamiento doloroso. Pero afirmar y aspirar a aquella suprema exigencia, a aquella encarnación pura y buscada por el espíritu, caminar la única senda estrecha hacia la inmortalidad, eso lo teme él en lo más profundo de su alma. Se da perfecta cuenta: ello conduce a tormentos aún mayores, a la proscripción, al renunciamiento de todo, quizás al cadalso; y aunque al final de este camino sonríe seductora la inmortalidad, no está dispuesto a sufrir todos estos sufrimientos, a morir todas estas muertes. Aun teniendo más conciencia del fin de la encarnación que los burgueses, cierra, sin embargo, los ojos y no quiere saber que el apego desesperado al yo, el desesperado no querer morir, es el camino más seguro para la muerte eterna, en tanto que sabe morir, rasgar el velo del arcano, ir buscando eternamente mutaciones al yo, conduce a la inmortalidad. Cuando adora a sus favoritos entre los inmortales, por ejemplo a Mozart, no lo mira en último término nunca sino con ojos de burgués, y tiende a explicarse doctoralmente la perfección de Mozart sólo por sus altas dotes de músico, en lugar de por la grandeza de su abnegación, paciencia en el sufrimiento e independencia frente a los ideales de la burguesía, por su resignación para con aquel extremo aislamiento, parecido al del huerto de Getsemani, que en torno del que sufre y del que está en trance de reencarnación enrarece toda la atmósfera burguesa hasta convertirla en helado éter cósmico.

Lobo Estepario de Hermann Hesse

Pero, en fin, nuestro lobo estepario ha descubierto dentro de sí, al menos, la duplicidad fáustica; ha logrado hallar que a la unidad de su cuerpo no le es inherente una unidad espiritual, sino que, en el mejor de los casos, sólo se encuentra en camino, con una larga peregrinación por delante, hacia el ideal de esta armonía. Quisiera o vencer dentro de sí al lobo y vivir enteramente como hombre o, por el contrario, renunciar al hombre y vivir, al menos, como lobo, una vida uniforme, sin desgarramientos. Probablemente no ha observado nunca con atención a un lobo auténtico; hubiese visto entonces quizá que tampoco los animales tienen un alma unitaria, que también en ellos, detrás de la bella y austera forma del cuerpo, viven una multiplicidad de afanes y de estados; que también el lobo tiene abismos en su interior, que también el lobo sufre. No, con la «¡Vuelta a la naturaleza!» va siempre el hombre por un falso camino, lleno de penalidades y sin esperanzas. Harry no puede volver a convertirse enteramente en lobo, y silo pudiera, vería que tampoco el lobo es a su vez nada sencillo y originario, sino algo ya muy complicado y complejo. También el lobo tiene dos y más de dos almas dentro de su pecho de lobo, y quien desea ser un lobo incurre en el mismo olvido que el hombre de aquella canción: «¡Feliz quien volviera a ser niño!»

El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos. Hacia atrás no conduce, en suma, ninguna senda, ni hacia el lobo ni hacia el niño. En el principio de las cosas no hay sencillez ni inocencia; todo lo creado, hasta lo que parece más simple, es ya culpable, es ya complejo, ha sido arrojado al sucio torbellino del desarrollo y no puede ya, no puede nunca más nadar contra corriente. El camino hacia la inocencia, hacia lo increado, hacia Dios, no va para atrás, sino hacia delante; no hacia el lobo o el niño, sino cada vez más hacia la culpa, cada vez más hondamente dentro de la encarnación humana. Tampoco con el suicidio, pobre lobo estepario, se te saca de apuro realmente; tienes que recorrer el camino más largo, más penoso y más difícil de la humana encarnación; habrás de multiplicar todavía con frecuencia tu duplicidad; tendrás que complicar aún más tu complicación. En lugar de estrechar tu mundo, de simplificar tu alma, tendrás que acoger cada vez más mundo, tendrás que acoger a la postre al mundo entero en tu alma dolorosamente ensanchada, para llegar acaso algún día al fin, al descanso. Por este camino marcharon Buda y todos los grandes hombres, unos a sabiendas, otros inconscientemente, mientras la aventura les salía bien. Nacimiento significa desunión del todo, significa limitación, apartamiento de Dios, penosa reencarnación. Vuelta al todo, anulación de la dolorosa individualidad, llegar a ser Dios quiere decir: haber ensanchado tanto el alma que pueda volver a comprender nuevamente al todo.

Lobo Estepario de Hermann Hesse

No se trata aquí del hombre que conoce la escuela, la economía política ni la estadística, ni del hombre que a millones anda por la calle y que no tiene más importancia que la arena o que la espuma de los mares: da lo mismo un par de millones más o menos; son material nada más. No, nosotros hablamos aquí del hombre en sentido elevado, del término del largo camino de la encarnación humana, del hombre verdaderamente regio, de los inmortales. El genio no es tan raro como quiere antojársenos con frecuencia; claro que tampoco es tan frecuente, como se figuran las historias literarias y la historia universal y hasta los periódicos. El lobo estepario Harry, a nuestro juicio, sería genio bastante para intentar la aventura de la encarnación humana, en lugar de sacar a colación lastimeramente a cada dificultad su estúpido lobo estepario. Que hombres de tales posibilidades salgan del paso con lobos esteparios y «hay viviendo dos almas en mi pecho», es tan extraño y entristecedor como que muestren con frecuencia aquella afición cobarde a lo burgués. Un hombre capaz de comprender a Buda, un hombre que tiene noción de los cielos y abismos de la naturaleza humana, no debería vivir en un mundo en el que dominan el common sense, la democracia y la educación burguesa. Sólo por cobardía sigue viviendo en él, y cuando sus dimensiones lo oprimen, cuando la angosta celda de burgués le resulta demasiado estrecha, entonces se lo apunta a la cuenta del «lobo» y no quiere enterarse de que a veces el lobo es su parte mejor. A todo lo fiero dentro de silo llama lobo y lo tiene por malo, por peligroso, por terror de los burgueses; pero él, que cree, sin embargo, ser un artista y tener sentidos delicados, no es capaz de ver que fuera del lobo, detrás del lobo, viven otras muchas cosas en su interior; que no es lobo todo lo que muerde; que allí habitan además zorro, dragón, tigre, mono y ave del paraíso. Y que todo este mundo, este completo edén de miles de seres, terribles y lindos, grandes y pequeños, fuertes y delicados, es ahogado y apresado por el mito del lobo, lo mismo que el verdadero hombre que hay en él es ahogado y preso por la apariencia de hombre, por el burgués. Imagínese un jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo «comestible» y la «mala hierba», entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos. Así hace el lobo estepario con las mil flores de su alma. Lo que no cabe en las casillas de «hombre» o de «lobo», ni lo mira siquiera. ¡Y qué de cosas no clasifica como «hombre»! Todo lo cobarde, todo lo simio, todo lo estúpido y minúsculo, como no sea muy directamente lobuno, lo cuenta al lado del «hombre», así como atribuye al lobo todo lo fuerte y noble sólo porque aún no consiguiera dominarlo.

Nos despedimos de Harry. Lo dejamos seguir solo su camino. Si ya estuviese con los inmortales, si ya hubiera llegado allí donde su penosa marcha parece apuntar, ¡cómo miraría asombrado este ir y venir, este fiero e irresoluto zigzag de su ruta, cómo sonreiría a este lobo estepario, animándolo, censurándolo, con lástima y con complacencia!
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